viernes, abril 30, 2004

Tus silencios, lejos de vaciar mi cabeza de palabras, la inundan de pensamientos perturbadores. Mis preguntas sin respuesta sólo sirven para provocar más preguntas o para que yo invente posibles respuestas casi siempre preocupantes. La angustia ocupa mi mente y la duda se convierte en la peor de las venganzas. Imagino catástrofes, anticipo disputas, recapitulo todos mis actos en busca de errores, y todos me lo parecen. Quizás callas inocentemente, quizás todos mis temores sean infundados, quizás tu mutismo sólo sea desgana, pero por favor, házmelo saber. Confirma mis temores, cúlpame de todos tus males, condéname sin defensa, castígame por pecados que no cometí, pero no dejes mis oídos en blanco, no permitas que mi mente obsesiva hable por ti, que esta voz oscura y fatídica sustituya a la tuya. Aunque tus palabras puedan doler, nada más cruel que el silencio.

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