viernes, septiembre 28, 2007

Quizás mi problema es que nunca he sabido hacer marketing de mí mismo. Lo importante es saber vender el producto, tal vez sólo valgan ya las apariencias. A menudo contemplo cómo a mi alrededor gente presuntuosa, con la boca llena de palabras vacías, charlatanes, pedantes, presumidos, se revelan a mis ojos una vez los conoces un poco más como puro ruido sin nada que ofrecer, resulta que no tienen nada que decir y por eso lo camuflan con palabrería vana. Y no les culpo, pues parece que ahora sólo importa la fachada, da igual que la casa se caiga si la cara que ofrece es bonita. La humildad no se estila, el silencio vende poco, y yo sin embargo nunca he sabido sacar a relucir todas mis virtudes al escaparate. Oculto entre dudas y temores sigo esperando a que alguien se interese por lo que hay dentro.

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