domingo, abril 25, 2010

No importa que otros hicieran lo mismo, que escribieran estas mismas cosas mucho mejor, que vivieran antes nuestras propias vidas y seguirán haciéndolo tras nosotros, experimentarán nuestros mismos deseos ideas frustraciones, todo repitiéndose en cada momento y lugar en una cadena incesante que anula el tiempo, no importa que sepamos que otros harán mejor lo que intentamos sin éxito y que sin duda lograrán aquello en lo que fracasamos, no, no somos distintos ni tenemos nada de original, nada que podamos llamar nuestro, pero eso no disminuye nuestro goce, no limita nuestro valor ni invalida nuestros modestos logros, no por ello pienso renunciar a hacerlo todo como si fuera la única vez, como si no hubiera de suceder nunca más, como si nunca hubiese sucedido, como si no otros cuerpos, nunca en ningún sitio nadie, y fundáramos el prodigio del deseo a cada momento, escribir como si nada hubiese sido dicho, pensar que nada de esto ha sucedido para creer sólo en el presente, en este instante inabarcable en el que ingenuos intentamos ser irrepetibles, aunque estemos destinados al fracaso.

jueves, abril 22, 2010

Tienes razón, uno vuelve a sus orígenes después de cada fracaso buscando refugio. Y quién puede recriminar algo así, como si el triunfo fuera obligatorio, como si existiera. Pero el fracaso me ha hecho darme cuenta de que, como casi siempre, buscaba lo que tenía delante, empeñado en pensar que esto no puede ser todo, que tiene que haber algo más. Y casi nunca hay nada más. Así comprendí que debemos poner todo el esfuerzo en lo que hacemos, da igual si un pastel o la catedral de Florencia, el Quijote o un sms, aunque nadie vaya a enterarse nunca. No hay cosas grandes o pequeñas, tamaño aparte, pero no hablo de tamaño. Que se puede hacer algo importante desde un garaje en un rincón apartado del planeta y perder el tiempo con todos los medios a tu alcance. Es cuestión de empeño, de hacer aquello que está en nuestra mano, no más ni menos, aunque no siempre sea lo que habíamos imaginado, pero ya lo decía aquel, sueños son.

miércoles, abril 21, 2010

Nunca llegarás a nada, resuena como una vieja maldición lejana una y otra vez en tu cabeza mientras te esfuerzas por eludir la tentación diaria de la desgana y toda esa incesante marea de imágenes y sonidos embaucadores que te aturden alejándote de aquello que en algún tiempo querías alcanzar, nunca nada, la voz premonitoria de tu padre como una condena perpetua que tratas de evitar sin éxito mientras vuelves a caer enredado en las mismas inútiles ocupaciones cotidianas que te apartan del camino trazado incapaz de distinguirlo entre la niebla, mientras sigas anteponiendo el placer a la gloria, te enredas en asuntos banales y vas descubriendo poco a poco que las cosas no son como nos las habían contado, tal vez por ignorancia, quién sabe, y lo más que llegas a escribir es la lista de la compra y un lamento cobarde al margen, y entonces oyes de nuevo a tus antiguos profesores despreciando tus logros con una burla, ignorando tus deseos reprimidos, no fueron hechas para ti las victorias, lo sabes, y acabas dándole la razón a todos los que te condenaron de antemano sin atreverte a desafiar sus palabras tragándote tu rabia, sumiso como siempre fuiste, temeroso de romper con lo impuesto, convertido en mero espectador de tu desgracia, ni siquiera una auténtica desgracia de la que poder quejarte, incapaz de enfrentarte a nadie te deslizas a toda velocidad por el tobogán del miedo, te dirás que no tuviste la culpa y otras mentiras, no te quejes, no te lo mereces, tú que nunca has intentado alzar la voz no lamentes que nadie te escuche, esto es lo más a lo que vas a llegar, asúmelo, apenas un vil reflejo fugaz y cobarde de aquello tan importante que ibas a ser y que ya no consigues recordar.

martes, abril 20, 2010

Y por azar hallarnos sin reconocernos, intercambiar señales, evidencias frágiles de un pasado posible que no descartan la duda, desenterrar recuerdos secretos, señales privadas vedadas a miradas ajenas y aun así seguir sintiéndonos como dos extraños unidos por las mismas modas, gustos, deseos… semejantes a tantos otros, y desistir seguros de que nada nos diferencia entre la multitud que camina errante a nuestro lado. Despedirnos apresurados con una disculpa fingida, como si de nuevo nos hubiésemos equivocado, confundiéndonos con alguien que fuimos o que creímos ser, ni siquiera sabes quién o cuándo.

viernes, abril 16, 2010

Si algo hemos aprendido es que a cada causa corresponde un determinado efecto, dentro de un estrecho margen de posibilidades. La experiencia nos enseña qué podemos esperar en cada momento, no queda opción para lo inexplicable, las carencias de los argumentos provienen sólo de la ignorancia o el olvido, todo responde siempre a la aplastante exactitud de las cifras, por más que tratemos de buscar alguna mínima desviación en los cálculos que nos permita modificar la trayectoria, rectificar la fórmula de nuestro fracaso para lograr la redención, sucede siempre lo inevitable. Y sin embargo, ante cualquier adversidad y sin ningún motivo, en secreto seguimos confiando en que al final ocurra algo diferente.

viernes, abril 09, 2010

El universo no deja de expandirse, las galaxias en fuga se alejan continuamente separadas por un vacío creciente. Todo está cada vez más distante, más inalcanzable. Sería una bonita metáfora de algo si no dibujara un futuro tan inquietante. La ciencia es clara en esto, como en casi todo, queramos o no, ofrece cada vez más respuestas, pero no deja mucho margen para la esperanza.

miércoles, abril 07, 2010

No dejar huella, que nadie recuerde mi nombre, pasar siempre desapercibido, ser sincero, sencillo, discreto, fácil de olvidar, intrascendente, eludir así la crítica, el miedo al rechazo. No es cuestión de humildad o presunción, no tiene nada que ver con pudor o pereza, es tan sólo una cuestión de orden práctico. Todo será más sencillo, más cómodo, mejor. De todas formas el futuro no concede ninguna ventaja, poco más o menos todo acabará del mismo modo. Así me deslizo por el mundo de puntillas, sin hacer ruido, transparente, sin llamar la atención lo más mínimo, convertido en una cifra más. Sólo quiero estar aquí ahora y que nadie lo note.

sábado, abril 03, 2010

Romper normas no escritas, disfrutar el leve sabor de lo inesperado olvidando cumplir la penitencia, experimentar el placer efímero de lo prohibido, pequeñas faltas sin condena que nadie censura, como equilibristas del pecado que no buscan redención, sin arrepentimiento ni culpa, una mentira intrascendente, apenas un beso robado, nada alcanza a igualar la intensidad de esa incomparable, fugaz, felicidad clandestina.