domingo, junio 20, 2004

Qué fácil te he olvidado. Me siento un traidor por no seguir sufriendo al oír tu nombre, qué poco duele recordarte, qué sencillo fue abandonarte. Hoy me he descubierto pensando en ti sin nostalgia, y he sentido que nada se removía en mí al hacerlo. Hoy revisé viejas fotos y no me han dado ganas de salir a buscarte. Me he dado cuenta de que ya no significas nada para mí, que pasaste sin dejar huella y que en este tiempo no he derramado una sola lágrima por ti. Por eso quiero pedirte perdón, si tan leve el amor como su olvido.

jueves, junio 17, 2004

De nuevo tengo ante mí el mapa y recorro mentalmente el camino hasta tu casa, trazo una línea, primero con el dedo, demasiado fugaz, después la dibujo con el lápiz para hacerla más firme, marcando el recorrido que tantas veces he hecho, mientras lo hago revivo las mismas sensaciones, siento cómo giro cada esquina y puedo ver las calles, cada edificio, cada piedra bajo mis pies, incluso la gente que me saluda o me ignora, cada día hago el trayecto varias veces, mentalmente y en la realidad, pero si he de ser sincero debo confesar que aún no sé cómo llegar a ti. Quizás por eso sólo me dedico a esperar.

viernes, junio 11, 2004

Se hace insufrible la espera, por un lado deseas que llegue el momento, por otro le temes demasiado, te sientes incapaz de afrontarlo, pero sin embargo piensas que ojalá pudieras borrar estos días del calendario. Hay momentos para todo, para la ansiedad y para el aburrimiento, para la esperanza y para el desahucio, horas que vuelan y minutos que se eternizan. Intento mantener la mente alejada de la realidad, evadirme en proyectos irrealizables, y me acojo con desidia a mis últimas oportunidades consciente de la cercanía del fracaso. Las cosas parecen diferentes desde aquí, la presión y el temor transforman tu forma de verlo todo, lo que hace un tiempo parecía demasiado grave ahora carece de importancia, aquello en lo que ni siquiera reparabas te resulta fundamental. Pero todo eso desaparecerá en unos días, y volveré a sumergirme en la inconsciencia y a dejarme caer en la inercia anodina del desencanto. Lo peor es lo solo que se siente uno en este momento, cuando sabes que nadie puede hacer nada por aliviar tu angustia, que el error caerá de tu cuenta y que no habrá abrazos sinceros, te sientes perdido en un mundo ajeno.

domingo, junio 06, 2004

Siempre piensas que lo que haces es insuficiente. Da igual que te esfuerces como nunca, que emplees todo tu tiempo y tus ganas, que no te queden fuerzas para nada, al final creerás que no hiciste lo necesario para lograrlo, que si no lo conseguiste fue únicamente por tu culpa, por tu desidia o por tu torpeza, que todo lo andado fue apenas el principio. Estos días estoy por dudar de todo, la inseguridad me ocupa por completo y nada de lo pasado parece útil. Y es ahora, cuando menos sentido tiene, que surge el deseo con más fuerza, ahora que no queda opción al engaño de la fe, ahora que no encuentro la palabra futuro en el diccionario. Hay cosas que no merecemos, metas demasiado altas para nuestro mérito, logros de los que nos avergonzamos si los alcanzamos, pero no por ello debemos despreciarlas, casi todo lo que tenemos no nos pertenece, sobrevivimos gracias a la injusticia.

viernes, junio 04, 2004

Ando un poco con las ilusiones decaídas. Intento cada día aproximarme un poco más a la resignación, evitar intentar imaginarme un futuro que no logro averiguar. Cómo convencer a los demás de que no soy el culpable de mis fracasos si ni siquiera yo estoy seguro. Quizás el problema es pensar demasiado en otros, sentirme constantemente en deuda, caminar con la cabeza baja. Demasiados caminos que no llevan a ninguna parte, demasiadas mentiras instituidas como ciertas. Queda muy poco tiempo y esta vez no voy a ser tan ingenuo de creer lo que me dijeron entonces, que a veces es mejor perder que ganar, que hay victorias indeseables, yo por si acaso intentaré el triunfo, ya habrá tiempo después para consuelos estériles y vanas reflexiones. Mientras tanto pasan los días hundido entre montañas de papel que aplastan el deseo, conjurando por una vez a la memoria y maldiciendo al olvido. Desde aquí nada parece importante, nada definitivo... Y encima este calor repugnante que no deja creer en nada.