lunes, mayo 24, 2004

Aún quedaba tiempo. El tren estaba a punto de salir y nuestras manos casi se rozaban. Pensé decir todo lo que guardé tan tenazmente. Pensé en confesar el dolor, derribar mi fingida firmeza. No había nada que temer. Ya todo estaba perdido. Pero pretendía, tal vez, dejar un recuerdo, no ser presa fácil del olvido. Había aguantado mucho tiempo manteniéndome el secreto incluso a mí mismo. Negando evidencias y disimulando ante el espejo. Quizás nunca más la viera. Quizás era la última oportunidad para entrar en su vida, para permanecer en sus días. Pensé cómo grabar mi nombre en su memoria. Ella esperaba ver abrir mis labios, parecía mendigar una frase consoladora, una promesa de un futuro posible. Entonces subí al tren prefiriendo callar. Porque sabía que el silencio es más difícil de olvidar que las palabras.

viernes, mayo 21, 2004

Antes, sin saberlo, quería ser perfecto. Pretendía hacer todo del mejor modo posible, evitar cualquier error, corregir todos mis defectos. No me daba cuenta pero no me permitía un instante de flaqueza, un fallo mínimo que a mis ojos lo derrumbaba todo. Y odiaba mis debilidades, mis veleidades, mis concesiones a lo irracional, porque a mi juicio todo lo que no fuera razonable era despreciable. Y a veces sufría grandes contradicciones, porque lo que yo sentía se enfrentaba a lo que pensaba que debía hacer, y todo lo veía como fruto de mi mezquindad, de mi ignorancia e inconstancia. Ahora no me preocupo si lo que hago o pienso va en contra de la razón, si mis errores me perjudican o la gente me juzga por ellos, si me domina el deseo y margino la razón. Estoy cansado de sufrir por algo inalcanzable, cansado de no poder ser como deseo sino como debo. Quizás lo hacía todo de un modo inconsciente, por supuesto, de hecho tomar conciencia de ello me ha hecho cambiar mi actitud, porque como casi siempre son las cosas que hacemos sin darnos cuenta las que más nos determinan, generalmente de manera negativa. Ya no me importa ser contradictorio, irracional o poseer mil defectos, ya no me preocupa equivocarme, ceder a mis caprichos o quedar en ridículo, al fin y al cabo quién determina lo que es adecuado y lo que no. Ahora sólo pretendo hacerlo todo del modo más sencillo e indoloro, aunque no sea lo más correcto.

jueves, mayo 20, 2004

Lo mío nunca fue lo de la fe. Desconfiado por naturaleza o por costumbre nunca fui muy dado a creer de primeras lo que me decían, y siempre buscaba los posibles fallos o engaños de aquello que me aseguraban. Así me fue siempre tan difícil identificarme con alguna creencia, religiosa, política, ideológica, filosófica, artística o lo que fuera, ninguna me parecía acertada. Mi reacción ante cualquier circunstancia es la de un escepticismo casi enfermizo, lo cual me paraliza a la hora de tomar la más mínima decisión o hacer algo por insignificante que parezca, pues nada me resulta convincente y siempre creo que todo acabará revelándose inútil. Ahora se me presenta ante mí la necesidad de creer, de creer en algo en lo que nunca he creído, de confiar ciegamente y afanarme en buscar un espejismo. No hay otra alternativa, tengo que jugármelo todo en una apuesta arriesgada sin pensar por primer vez en mi vida que la partida está amañada. Para ello no debo pensar mucho, sólo dejarme llevar y dejar de cuestionarme la validez de lo que hago, confiar en que el esfuerzo se recompensa, tener fe... tan difícil, tan extraño...

miércoles, mayo 19, 2004

La gente siempre habla de más. De lo que no saben y de lo que no les importa. De otro modo quizás no tendrían nada de lo que hablar. Supongo que yo también hago lo mismo, pero hay quienes lo hacen demasiado a la ligera. Si conocen un caso concreto creen que todos los demás serán como ese, si a ellos les pasó algo en alguna circunstancia piensa que a todo el mundo le pasará igual en la misma circunstancia. Creen saberlo todo, opinan, discuten, pontifican, aseguran, nada de lo humano (ni de lo divino) les es ajeno, qué seguridad da la ignorancia. Yo me sentía ridículo diciendo que quizás no fuera a ocurrirme lo que ellos me decían, al final acabé por creerles confiando en su experiencia, pero me dejé engañar por una falsa apariencia que en realidad no ocultaba más que prepotencia y desdén. Y ahora que nada de lo que ellos aseguraban se cumplió ni siquiera están para poder defender mi duda y recriminarles su firmeza. Porque ellos pensaban que si una vez vieron que a tal causa correspondió tal efecto siempre sería así, es como si al tirar una moneda una vez y salir cara creyeran que siempre saldrá cara, pero y si la tiráramos cinco veces y las cinco saliera cara, cuántas veces son necesarias para atribuir una relación de causa-efecto entre dos hechos, quizás dependa del asunto en concreto, quizás nunca podamos estar seguros y tengamos que conformarnos con hipótesis, pero por favor no nos conformemos con la primera hipótesis sin cuestionarla, no creamos que porque una vez ocurrió volverá a ocurrir, ni siquiera pensemos que todo será como siempre ha sido, porque no podemos estar seguros de que aunque haya salido mil veces cara la próxima vez no salga cruz (o viceversa).

martes, mayo 18, 2004

Sientes que lo que haces es un error, y que no puedes dejar de hacerlo. Desearías, tal vez si pudieras, dejarlo todo, no perderías demasiado, arriesgar lo que ni siquiera te pertenece. Pero cada día es una oportunidad destruida, una derrota sin batalla, ves cómo se escapa aquello que ansiabas, por lo que habrías entregado todas tus riquezas, pero se aleja a cada instante, y no puedes hacer nada por atraparlo, no está en tu mano decidir, sin remedio te esfuerzas en perpetuar tus pasos equivocados. Sabes que lo que haces será tu condena, que la victoria sería aún peor que el fracaso y el fracaso el vacío más absoluto. Y te encuentras sin salida, sin respuestas, sin fuerzas, entre el silencio y el grito, extenuado, y entonces no te queda más que preguntarte si quizás habría otra opción.

sábado, mayo 08, 2004

Que todo vuelve a su lugar es claro.
Que todo tiende a mantenerse en la inercia ya lo dice la ciencia. Todo gira siempre en la misma órbita, en eso planetas, satélites, seres vivos y yo no somos diferentes. Ni siquiera en lo más nimio se nos concedió el don de la originalidad. Así que ya basta de resistirse a los impulsos, de negar mi naturaleza, de negociar concesiones sucedáneas, ya basta de creernos capaces de elegir. Seguiremos atrapados en nuestras costumbres, luchando cada día sin éxito por salir de ellas, y cada uno volverá a sus errores, condenados a los mismo, esclavos de un mismo fin. Como siempre vuelve el sol a hacer su recorrido, los pájaros a sus migraciones, la gente a sus creencias, tú a la indiferencia, yo, al olvido...