lunes, septiembre 17, 2018

No quiero salir ileso de ti. No quiero ahorrarme la resaca de tan intensa experiencia ni saltarme la penitencia por pecar contigo. Encontrarte fue un impacto demoledor, un estallido de vida y pasión incomparable, un suceso memorable que siempre evocaré. Después de cada aterrizaje forzoso en tu cuerpo, cada nuevo choque brutal de piel contra piel, me costaba recuperar el aliento y ponerme en marcha. Porque he quemado todo el combustible que me movía y ya no soy el mismo que era antes de conocerte ni lo quiero ser. No negaré el dolor de tu partida ni fingiré que no me importa. No voy a borrarte de mi historial sino a guardarte en mis favoritos. No voy a ocultar los desperfectos sufridos ni las secuelas que me dejaste, pues son las medallas de las que presumo y luciré con orgullo el resto de mi vida, la misma que estuve a punto de perder al colisionar con la tuya. No repararé los daños que sufrí para disimular mis carencias. Estas son mis heridas, las que tú me provocaste y hoy contemplo con devoción.

domingo, septiembre 16, 2018

Durante un tiempo me creí toda esa retórica del dolor y la pena que vienen a decir algo así como que todo lo que sufriéramos nos sería recompensado en esta vida o en la otra. Algún día este dolor te será útil, No hay mal que por bien no venga, Lo que no te mata te hace más fuerte, El dolor nos hace crecer, Para presumir hay que sufrir.... Pero ya no más. Me educaron en esa doctrina católica del sufrimiento como forma de ganarse el paraíso, en el mundo como un valle de lágrimas y en la recompensa futura para los afligidos. Había incluso que sufrir para hacer méritos para alcanzar la vida eterna. Ser feliz estaba mal visto. La alegría era sospechosa. La esperanza culpable. Ahora lo llaman karma o crecimiento personal, pero al fin y al cabo es el mismo collar para otro perro. Bueno pues ya está. Todo eso se acabó para mí. A partir de ahora voy a pasármelo lo mejor que pueda, voy a ser egoísta si hace falta, evitaré el dolor y a las malas personas, a todas esas que no trajeron nada bueno a mi vida, y si todo eso me lleva a la condenación, bendita condena.

sábado, septiembre 15, 2018

Examino mis cicatrices en el espejo, testigos de alguna batalla perdida que ya no recuerdo. Se presentan ante mí hoy como promesas de redención, señales que indican que el olvido aún es posible. No recuerdo el dolor que produjeron sino la calma tras la contienda y reviso despacio mi colección de rasguños y fracasos intentando hallar una respuesta. Compruebo admirado que ya no me importan, pues valoro el camino que señalaron como un paso necesario hacia este lugar, al fin sereno y pleno, en el que hoy me encuentro, pues he aprendido que sin dolor no hay victoria, sin tormenta no hay calma, sin error no hay acierto, sin oscuridad no hay luz ni sin noche mañana. Dolor y placer, caras de una misma moneda, heridas y recuerdos, huellas que marcan mi destino. No hay nada que reprochar.

viernes, septiembre 14, 2018

He pasado demasiado deprisa por todo dejando muchas cosas atrás. Sé que no las voy a recuperar, no lo pretendo, pero no quiero seguir aumentando cada día vertiginosamente la cantidad de experiencias perdidas que nunca vuelven y nos dejan huérfanos de ciertas emociones necesarias. Por eso he decidido hacer lo correcto a partir de ahora, esforzarme por lograr algo satisfactorio y escapar de esta apatía desoladora, huir de la depresión y la autocrítica, dar pasos firmes sin detenerme, caminando hacia algún lugar concreto y no sólo alrededor del pasado, esforzarme por sentirme bien y concederme una nueva oportunidad para ser feliz. Pero seguramente todo esto no serán más que palabras vacías infladas sin motivo que siempre acaban defraudándonos y al final no hallaré el modo de cambiar nada.

jueves, septiembre 13, 2018

Nos esforzábamos en descubrir otras formas, otras sensaciones, otros caminos inexistentes, pero todo lo nuevo nos parecía una repetición de algo ya pasado. Refugiándonos en los portales, en los callejones, rincones en los que nos sentíamos huir, hablando en susurros, como si alguien pudiera delatarnos, lo hicimos todo del modo más difícil y extraño, procurando no ser como los demás, no ser como nosotros mismos éramos y nos resistíamos a ser sin éxito, y ahora recorro las calles sin nombre del atardecer intentando dejar en cada esquina un pedazo de ti, despistar al recuerdo por la ciudad, colgar la memoria en cada piedra, perderte poco a poco sin sentirlo y regresar a casa desahuciado pero sin pena, pensando que puede que los días traigan más desesperanza y que todo siga siendo tan igual que ni siquiera nos demos cuenta o no nos importe, pero todo en la ciudad me recuerda a ti, los sonidos rutinarios, las luces estridentes, los reclamos publicitarios, los escaparates, la gente... Qué distinto de entonces, cuando procuraba dosificarte al máximo, tomarte en pequeñas dosis, temeroso de agotar nuestro tiempo irremediablemente, de consumir todos tus abrazos y caricias, de secar tus besos, y cada vez que me sentía exceder el límite de lo recomendable me alejaba de ti, tratando de evitar gastarte demasiado pronto y tristemente, guardando un poco de ti para el futuro e intentando crear recuerdos en los que poder conservarte, pero era demasiado impaciente y a menudo te derrochaba sin control sintiéndome estúpido por ello.

miércoles, septiembre 12, 2018

Persigo sombras constantemente, busco tras las esquinas, en los portales, en los rincones más solitarios, en calles abandonadas, a quien proyecta esa imagen que creo adivinar. A veces me escondo, callo, me hago el despistado, intento aparentar indiferencia como un medio de acercarme al objetivo, o después salgo desordenadamente a la calle a su caza como un animal herido y sediento que acecha a la presa desprevenida, recorro la ciudad a toda prisa, impaciente, examino los rostros de la gente, investigo dónde hallar aquello que sólo presiento pero no logro vislumbrar, aquello que quizás no existe más que en mí, interrogo a los testigos, que todo lo niegan, descifro las pistas, analizo las huellas, todo me lleva en un única dirección, inevitable y peligrosa, y entonces, cuando al fin creo hallarte, de nuevo te desvaneces, desapareces y me dejas desolado creyendo que no existes, que sólo eres un espejismo, un producto de mi imaginación, una sombra de la nada que me obliga a perseguirla sin descanso, desesperadamente.