lunes, agosto 17, 2020

Mucha gente habla estos días de la posibilidad/necesidad de volver atrás, pero a mi parecer se trata de una huida equivocada, una respuesta desesperada ante las dificultades. La solución a tus problemas no puede ser volver al pasado, pues no podemos enmendar los errores cometidos y nos quedaríamos encerrados en un bucle sin salida. Ya sé que a muchos les gustaría que existiesen los viajes en el tiempo para poder rectificar y borrar todo aquello que les causó tanto dolor o eliminar lo que les atormenta o avergüenza, pero me temo que eso tampoco serviría de mucho, pues tarde o temprano volveríamos a caer en los mismos errores. Se trata más bien de cambiar la forma de ver las cosas, modificar actitudes y comportamientos inadecuados, adquirir nuevos hábitos que nos reconforten, transformar nuestra mirada sobre el mundo y aprender a disfrutar de la nueva realidad sin lamentarnos por los caprichos perdidos de los que nos hicimos esclavos, analizar tus ventajas y tus carencias, reinventarse, mirar hacia delante y aprovechar las oportunidades a tu alcance. Tal vez no sea la panacea, pero podría ser un comienzo.

 

viernes, agosto 14, 2020

Cada noticia no hace más que acrecentar mis dudas y retraer mi iniciativa. En todo lo que se me ocurre no veo más que problemas e inconvenientes y la posibilidad del fracaso me paraliza por completo, haciendo que me pierda experiencias tal vez inolvidables. Son tiempos de precaución, de quedarse con las ganas y arriesgar lo mínimo, pero nunca sabes de si se trata de prudencia, miedo o pereza. Piensas en lo que puede salir mal y de repente lo malo te parece mucho más poderoso que lo bueno y cualquier cosa, por pequeña que sea, te resulta peligrosa o poco adecuada. Sin embargo creo que muchas veces utilizo los pequeños obstáculos como excusas para no hacer nada y eso me deja la pegajosa sensación de perder el tiempo, la idea de que todo lo que deje sin hacer hoy ya nunca podré hacerlo, que las oportunidades que pasan no vuelven y que cada vez que prefiero no hacerlo pierdo una ocasión irrecuperable. Sé que todo lo que no une aleja, que quien dejes marchar en silencio ya no regresará, y que si se rompe la cadena del frío el producto se echará a perder. Pero tampoco puedo dejarme llevar por mis impulsos y acceder sin pensar a todo lo que el deseo propone, pues los errores son definitivos y cierran muchas más puertas que las omisiones. No sé, tan solo espero que mi indecisión no me esté haciendo perderme cosas importantes y que mañana me arrepienta por haberlas dejado escapar.

sábado, agosto 08, 2020

Hacía tiempo que no pasaba por aquí. Desde entonces las cosas no sucedieron como me temía, sino mucho peor. Los buenos propósitos, los aplausos, la prudencia, la paciencia, las ganas de vernos... desaparecieron mucho antes de lo que cabría esperar y en su lugar regresó con más fuerza que nunca el odio, la ira, los insultos, la envidia y el olvido. Los aplausos se convirtieron en quejas, la prudencia en exigencias, los abrazos en “ya nos veremos”. Quienes me acusaban de pesimista no tienen más que echar un vistazo a su alrededor, o mejor aún, mirarse al espejo. Yo también, no pretendo salvarme de la quema, pero al menos tuve la precaución de prepararme para esto. De los momentos malos no salimos más fuertes, más sabios ni mejores, sino más resentidos, egoístas, insensatos y desconfiados. Cuando el barco se hunde es un “sálvese quien pueda”, cuando pedimos ayuda no vemos a quien de verdad la necesita, cuando decimos que hay cosas más importantes estamos pensando en lo nuestro. Qué pronto nos creímos a salvo, qué fácil hemos olvidado tanto dolor, qué ingenuos fuimos y seremos, pero esto aún no ha acabado ni mucho menos. En este tiempo me he visto obligado a justificar el comportamiento de otros ante quienes me pedían explicaciones por ello, pero demasiado tengo con asumir mis propios errores como para tener que responder también por los ajenos. He tenido que soportar mentiras interesadas y silencios cómplices, odiadores de oficio y sabios de pacotilla que nunca se equivocan, tal vez porque nunca hacen nada. Es penoso echarse en cara los muertos, pretender aprovecharse de la desgracia, pero qué podemos esperar en un mundo en el que las normas son solo para los demás y la salud vale mucho menos que el dinero.

jueves, agosto 06, 2020

Tengo la sensación de que acaba una etapa y no sé lo que empieza. Tal vez no haya un hecho trascendental que marque un punto de inflexión en mi vida. A menudo los cambios son imperceptibles pero definitivos. Durante un tiempo he conseguido mantener ocupada la mente con proyectos que reclamaban toda mi atención, pero una vez finalizados corro el riesgo de caer en mis obsesiones recurrentes y que mis pensamientos dispersos vuelvan a su lugar favorito, la nostalgia, la incertidumbre y el miedo. Es por eso que necesito un nuevo reto, alguna tontería inofensiva con la que engañarme para no sentir el vacío y evitar que el recuerdo me sorprenda con la guardia baja para asestarme el golpe de gracia. Y aunque estoy acostumbrado a las despedidas y he entrenado con tesón al desapego, me sigue doliendo todo lo que desaparece y no me siento capaz de empezar nada nuevo. Recordatorio: Tengo que seguir esforzándome para no pensar en las cosas que duelen.

sábado, mayo 30, 2020

A veces es difícil hallar un punto de encuentro, una ocasión adecuada, un motivo eficaz para hacer lo que en realidad queremos. Aplazamos el deseo sin fecha, pues aún nos hace sentir culpables, y anteponemos cualquier otra cosa que nos haga creer que estamos cumpliendo con nuestro deber, aunque no sepamos muy bien quién nos lo impone ni para qué, mientras intentamos acallar la conciencia construyendo en el aire promesas que sabemos falsas. Enredados en la rutina voraz, nos dejamos llevar por el ritmo incesante de la jornada laboral que entierra en cal viva nuestros sueños. Nunca es momento para nosotros, siempre hay algo urgente llamando a la puerta que nos impide atender a nuestros planes y afectos. Nuestras agendas no encajan, el calendario apremia, las obligaciones nunca descansan y el tiempo nos embauca haciéndonos creer que algo de esto va a cambiar mañana. Y mientras tanto van pasando los días sin darnos cuenta de todo lo que perdemos, esperando coincidir casualmente, sin que hagamos nada por conseguirlo, e ignorando que no necesitamos ninguna excusa para hacer lo que nos dé la gana.


jueves, mayo 28, 2020

Tendremos que aprender a convivir con la incertidumbre, a dudar constantemente de todo lo que creemos saber, a desconfiar de nuestras pequeñas certezas y convicciones incuestionables y a esperar un futuro incierto para el que no estaremos preparados. Caminaremos a ciegas entre tinieblas en busca de alguna luz que dé sentido a lo que hacemos y nos indiquen una dirección. Tendremos que adaptarnos a un mundo cambiante que avanza y retrocede sin saber cuándo ni por qué, en el que los principios se tambaleen y los finales solo supongan un nuevo comienzo en el que debamos seguir adelante asumiendo las pérdidas sin lamentarnos por todo lo que el tiempo se llevó. Acostumbrarnos a vivir con calma en un mundo inestable, imprevisible y feroz en el que ayer pueda ser mejor que mañana y el futuro no esté asegurado, donde las expectativas no valgan para nada y los resultados nos desconcierten a cada instante, incapaces de comprender su sentido. A no dar nada por sentado, a que nos cambien las reglas en mitad de la partida sin irritarnos demasiado y a que nadie nos ahorre las dudas. No se trata solo de que nos cambien las preguntas, sino que las respuestas de hoy no valdrán para mañana. Pero no todo tiene que ser malo, a veces lo inesperado nos sorprenderá gratamente y haremos valiosos hallazgos que nos iluminarán el camino. El mundo nunca fue perfecto ni lo será. En un mundo ideal tal vez todo fuera más seguro, más sencillo, menos raro. Mientras tanto, aprendamos a gozar de esa imperfección.