sábado, mayo 30, 2020

A veces es difícil hallar un punto de encuentro, una ocasión adecuada, un motivo eficaz para hacer lo que en realidad queremos. Aplazamos el deseo sin fecha, pues aún nos hace sentir culpables, y anteponemos cualquier otra cosa que nos haga creer que estamos cumpliendo con nuestro deber, aunque no sepamos muy bien quién nos lo impone ni para qué, mientras intentamos acallar la conciencia construyendo en el aire promesas que sabemos falsas. Enredados en la rutina voraz, nos dejamos llevar por el ritmo incesante de la jornada laboral que entierra en cal viva nuestros sueños. Nunca es momento para nosotros, siempre hay algo urgente llamando a la puerta que nos impide atender a nuestros planes y afectos. Nuestras agendas no encajan, el calendario apremia, las obligaciones nunca descansan y el tiempo nos embauca haciéndonos creer que algo de esto va a cambiar mañana. Y mientras tanto van pasando los días sin darnos cuenta de todo lo que perdemos, esperando coincidir casualmente, sin que hagamos nada por conseguirlo, e ignorando que no necesitamos ninguna excusa para hacer lo que nos dé la gana.


jueves, mayo 28, 2020

Tendremos que aprender a convivir con la incertidumbre, a dudar constantemente de todo lo que creemos saber, a desconfiar de nuestras pequeñas certezas y convicciones incuestionables y a esperar un futuro incierto para el que no estaremos preparados. Caminaremos a ciegas entre tinieblas en busca de alguna luz que dé sentido a lo que hacemos y nos indiquen una dirección. Tendremos que adaptarnos a un mundo cambiante que avanza y retrocede sin saber cuándo ni por qué, en el que los principios se tambaleen y los finales solo supongan un nuevo comienzo en el que debamos seguir adelante asumiendo las pérdidas sin lamentarnos por todo lo que el tiempo se llevó. Acostumbrarnos a vivir con calma en un mundo inestable, imprevisible y feroz en el que ayer pueda ser mejor que mañana y el futuro no esté asegurado, donde las expectativas no valgan para nada y los resultados nos desconcierten a cada instante, incapaces de comprender su sentido. A no dar nada por sentado, a que nos cambien las reglas en mitad de la partida sin irritarnos demasiado y a que nadie nos ahorre las dudas. No se trata solo de que nos cambien las preguntas, sino que las respuestas de hoy no valdrán para mañana. Pero no todo tiene que ser malo, a veces lo inesperado nos sorprenderá gratamente y haremos valiosos hallazgos que nos iluminarán el camino. El mundo nunca fue perfecto ni lo será. En un mundo ideal tal vez todo fuera más seguro, más sencillo, menos raro. Mientras tanto, aprendamos a gozar de esa imperfección.



sábado, mayo 23, 2020

La nueva normalidad es de todo menos normal. Un mundo hostil donde se puede odiar pero no dar abrazos. Donde hay horarios para pasear pero no para beber en grupo. Donde puedes ver a extraños pero no a amigos en según qué casos. Donde piden libertad con ira los que siempre la han negado y en realidad la rechazan. Donde el ruido tapa las palabras. Donde exiges una cosa y haces dos veces la contraria. La nueva normalidad es agria, distante, recelosa. Un lugar extraño en el que no me encuentro cómodo, como si acabara de aterrizar de otro planeta y que me hace añorar el confinamiento. Donde todo lo que dijimos está ya olvidado. Donde solo aplaudimos a los que piensan como nosotros y solo nos importa lo único que siempre nos ha importado. Donde lo llaman justicia cuando quieren decir venganza. Donde las mascarillas no bastan para ocultar nuestras vergüenzas. Hemos convertido en normal la discusión, la desconfianza y el engaño y utilizado el distanciamiento social de forma selectiva. Hemos enterrado el hacha de paz y fumado la pipa de la guerra. Hemos perdido mucho más de lo que hemos ganado en esta batalla. La verdad, es que si para esto hemos hecho tan largo y duro viaje, mejor me quedo en casa.


domingo, mayo 17, 2020

Cuando empieza la desescalada tus esperanzas pronto se desvanecen. Tras la euforia inicial con las primeras carreras o los paseos por el campo, llega el desánimo procaz al darte cuenta de que no va a ser igual que antes. Después de caminar un rato como cada día o incluso tomarte una copa en el bar, resulta que la felicidad no era eso y comprendes que habías puesto tu esperanza en el desconfinamiento como si se tratase de un hada madrina que de un plumazo fuera a convertirte en princesa y eliminar todos tus problemas, los de ahora y los de siempre. Pero los días siguen siendo todos iguales y el anochecer se funde con la tarde y el amanecer. La cerveza en una terraza, en contra de lo que pensabas, no sabe a victoria sino mucho más amarga. Te preguntas qué va a pasar ahora. Qué nuevo giro de guion te deparará la vida, como si lo único importante en la obra fuese el final. Pones la mirada en la siguiente parada mientras comprendes que tampoco va a solucionar nada y que no vale la pena recuperar algo que no te gustaba. Que el enemigo está dentro de ti y no esperas mucho de los demás. Redescubrir al otro es un duro trago, asumir que no somos los que aplaudíamos en los balcones y hacíamos videollamadas sino los pobres idiotas que critican todo mientras hacen el tonto y nunca tienen tiempo para hablar, que la vida real no es la de las ventanas. Mañana, cuando crea despertar, ¿qué diré acerca de este día? Volveremos a estar solos, en medio de tanta soledad, mientras pasa tanta gente por delante que nadie te ve y te preguntarás cómo has podido dejar que crezca a tu lado como un árbol toda esa ilusión. Lo único que podemos hacer es empezar de nuevo. Lo difícil es empezar. Y aquí sigo. Esperando nada.

miércoles, mayo 13, 2020

Deberíamos empezar a comprender que cada uno tiene su propio proceso de adaptación que debemos respetar y no tratar de imponer a nadie nuestro ritmo. Habrá a quien le cueste más cambiar de fase y de costumbres, quien no podrá quitarse los miedos de golpe y apuntarse sin dudar a la esperanza y prefiera permanecer aislado mirando el mundo desde la ventana hasta que se sienta completamente seguro. A cada uno le afectan de distinto modo las dificultades. No todos tendremos la misma facilidad para retomar nuestra vida ni seremos capaces de recuperarnos igual de pronto. No se trata de levantarse el primero sino de hacerlo con firmeza para no volver a caer. Yo prefiero mantener la distancia, quedarme en casa hasta que esté preparado para comenzar despacio la desescalada, tomarme mi tiempo antes de regresar a la rutina con calma, reservarme los abrazos para que sean sinceros, ser prudente en exceso y callar lo que pienso para no arrepentirme más tarde. Desconfiado por naturaleza, siempre observo y analizo todo en silencio, ocultando mis cartas hasta el último instante. Es por eso que me asombra ver lo rápido que podemos llegar a acostumbramos a los cambios, lo poco que nos cuesta olvidar. Tal vez sea solo indecisión por mi parte, lo que me hace sentir indefenso y cautivo de las dudas infinitas, pero recorreré el trayecto siguiendo mi propio paso y aguardaré con paciencia a que llegue el ansiado momento de los encuentros en la tercera fase. Mientras tanto, no me busquen en los bares.


sábado, mayo 09, 2020

No me va ser fácil cambiar de fase. Todo cambio es traumático. Nunca sabes si será a mejor o a peor. En este confinamiento he atravesado por fases muy diversas, desde el entusiasmo a la desesperación y vuelta atrás, pasando bruscamente de unas a otras, lo que me dejaba exhausto, sacudiendo sin piedad mis emociones. Hay momentos en los que pienso que preferiría permanecer más tiempo en la fase actual, a la que he terminado por acomodarme de un modo natural. Valoras las ventajas e inconvenientes y no lo ves claro, dudas qué es lo mejor para ti, si arriesgarte a entrar a ciegas en lo desconocido o quedarte plácidamente en tu fase de confort, pues temes no ser capaz de adaptarte a las nuevas condiciones. Porque hay cosas que no me importa haber perdido pensando en lo que he ganado a cambio y me sorprende lo rápido que me he adaptado a esta nueva anormalidad. Pienso en todo lo que detestaba y ya no tengo que soportar cada día, aquello que no quiero seguir haciendo y no tenía valor para rechazar, y empiezo a ver el lado positivo del encierro. Hay muchas cosas a las que no quiero regresar, actitudes que no voy a tolerar más, verdades cobardes que no pienso callarme y ya no me parece tan mal esta nueva forma de vida, que poco a poco he ido aprendiendo a valorar. Lo confieso, me he quedado estancado en una fase que no quiero abandonar. Siento que no estoy preparado para el cambio. Pero no me queda más remedio. Así que respiro hondo, cierro los ojos y cuento hasta diez antes de zambullirme en las frías aguas de esa nueva realidad que tanta inquietud me produce.