martes, septiembre 21, 2010

Una inquietante llamada a deshoras, un ruido amenazante en la madrugada y la certeza de que algo inesperado ocurrirá te despierta como una duda inconsolable apresurándote a cerrar puertas y ventanas para que nada invada tus comunes secretos tratando de eludir el miedo para dejarte esclavizar por tus obsesiones hasta que aceptas el temor necesario que te impulse lo justo sin llegar a paralizarte, tratando de domesticar el dolor asumiendo que no desaparecerá arrojándole de vez en cuando un hueso para mantenerlo ocupado distrayendo su atención alimentándolo con nuevos temores inventados sin esperar nada del futuro o del pasado. Lo que nos mueve es lo que nos destruye, lo que nos protege nos aísla.

1 comentario:

Elena Lechuga dijo...

Cualquier día tenemos que coger el hueso y en vez de tirárselo al dolor para distraerlo, le damos un buen golpe. Si no lo matamos, por lo menos lo dejamos inconsciente, que algo es algo. Digo yo...