Conforme pasan los años, voy deshaciéndome cada vez más de mis certezas, comprendo que cosas que daba por sentadas no son como yo creía y descubro sin buscarlas soluciones que jamás imaginé. Durante mucho tiempo me hice adicto a la falsa seguridad que me ofrecían, sin saber que en realidad me aprisionaban. Me servían como refugio, me protegían de la indecisión y me proporcionaban confianza. Cuando era más joven creía tener las cosas claras, sabía con total seguridad lo que me gustaba y lo que no, no tenía dudas a la hora de elegir, tenía claro lo que no estaba dispuesto a hacer y por lo que me moría de ganas y eso me impedía apreciar los matices. Creía firmemente en mis pensamientos y rechazaba todo lo que los contradijera. Me negaba el derecho a equivocarme y pensaba que quien no estuviera de acuerdo conmigo se equivocaba por completo. Hoy no lo tengo tan claro. No me aferro a mis ideas ni defiendo con fervor mis opiniones y no tengo inconveniente en rectificar. He aprendido a dudar de mis convicciones y ver la realidad siempre desde otro punto de vista que me permita descubrir nuevos horizontes, que hay creencias que nos limitan y nos impiden avanzar, y pueden privarnos de una vida más plena. Así que he decidido aceptar mis miedos para sentirme libre, no decir nunca jamás ni de este agua no he de beber, abrazar la incertidumbre y abrir nuevas posibilidades que antes me negaba. Prefiero explorar nuevos territorios, no saber nunca lo que va a pasar, que no me cuenten el final y dejar que el futuro me sorprenda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario