No tienes que justifcarte por nada. No le debes una explicación a nadie más que a ti mismo. No te preocupes por lo que pensarán de ti. Tú eres el único juez de tus propios actos. Nadie conoce tu historia, tus motivos, tus heridas. Eres tú quien padece los efectos de tus errores. A nadie debes nada. Tus decisiones no son negociables, no busques la validación ajena de tus sentimientos. No te esfuerces por conseguir la aprobación de los demás. No inventes excusas baratas cuando no te apetezca hacer algo. De todas formas, nadie cree en ellas. No te disculpes, no te arrepientas, no implores el perdón de tus pecados. No abraces la penitencia. Asúmelos e intenta no volver a caer en ellos. No tienes por qué explicar la razón de tus elecciones, tampoco lo entenderían. Quien bien te quiere aceptará tus decisiones sin reproches y si hiciste mal, tan solo trata de actuar del modo correcto la próxima vez. Ofrece una compensación en lugar de una disculpa. Si tus actos provocaron un daño, intenta siempre repararlo, pero no trates de convencer a nadie. Tan solo deja que tus actos hablen por ti y no tus palabras.
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario