Decimos “cuando todo esto acabe” como si todos nuestros problemas fuesen a desaparecer con el fin de la cuarentena, como si la pandemia fuera una cura definitiva para todos nuestros males, la solución ideal que estabas esperando. Pero no, cuando “todo” acabe, “todo” será como era, o incluso peor, y volverás a tu absurda vida sin sentido, vulgar y aburrida, a esa misma sensación de fracaso al amanecer, a la enfermedad del domingo por la tarde, al vacío constante en tu pecho y esa angustia sin fondo que te hace perder el aliento. Abandona las expectativas para evitar una nueva decepción. No va a cambiar nada en tu vida, ni para bien ni para mal, tal vez pequeños retoques sin importancia que no alteran el resultado, y te darás cuenta de que lo tuyo no tiene remedio. Seguiremos solos y confundidos, indefensos ante la incertidumbre y perdidos entre la multitud sin nadie que hable tu idioma, mientras aún buscamos algo a lo que aferrarnos, una fe, una vocación, una mano... “Cuando todo esto acabe” volveremos a caer en todas las trampas, nos desvelarán las mismas preguntas sin respuesta, cometeremos más errores y seguiremos siendo tan ingenuos y estúpidos como siempre.
lunes, abril 27, 2020
sábado, abril 25, 2020
En momentos así nos sentimos defraudados por la realidad y nos enojamos como si el mundo nos debiera algo, creyendo que nos merecemos una vida mejor aunque no hayamos hecho mucho para ganárnosla. No nos paramos a pensar si los demás acaso merecieron sus problemas, algo en nuestro interior nos hace creer que probablemente así sea, pero con nosotros no, con nosotros el universo se ha equivocado y esperamos sentados a que rectifique sin hacer nada por que eso suceda, exigiendo que no se demore demasiado y a ser posible nos presente una disculpa en forma de golpe de suerte que nos devuelva con creces todo lo que nos hurtó sin ningún derecho, como si quisiera vengarse de nuestra ridícula presunción y soberbia. Nunca agradecimos lo que gozamos sin merecerlo, no valoramos lo irrepetible, dejamos que el tiempo nos despojara de nuestras más preciadas posesiones mientras nos conformábamos diciendo que lo mejor estaba por llegar, ignorando que lo mejor era ya aquello. Pero ahora, cuando las cosas no responden a lo que habíamos planeado y las dificultades arrecian, clamamos al cielo por la injusticia que está cometiendo, incapaces de comprender que es la noche la que hace al día y el ruido al silencio, que nada nos pertenece y que el futuro es siempre una incógnita imposible de resolver. Por eso deberíamos vivir como si el mundo fuese a acabar mañana, sin pedir responsabilidades ni dejar nada para luego, no quedarnos con las ganas de intentarlo y no guardarnos nunca más, por miedo o por desgana, un abrazo, un tequiero o un beso.
miércoles, abril 22, 2020
El lugar al que pretendes volver no existe, porque tú ya no eres el mismo y lo que llamas normalidad es solo un recuerdo o una utopía. No se trata de volver atrás sin más, sino de empezar algo nuevo. Recordar el ayer solo nos hará más daño. El futuro no será volver al pasado, pretender regresar a él es una locura o una quimera, empeñarse en retomar tu vida tal y como la conocías, un error fruto de la ingenuidad o el deseo. Ya lo dijo aquel, al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver. Habrá quien ya no esté, quien haya cambiado tanto que no lo reconozcas, quien al principio finja alegrarse de verte un rato y quien te haya olvidado sin mucho esfuerzo. Confieso que tengo miedo de enfrentarme a lo que dejé ahí afuera y encontrarme más solo que aquí dentro. Saldré con pasos tímidos temiendo confundirme buscando lo que no existe, pero pisaré las calles nuevamente con la esperanza de renacer ligero de equipaje y con la mirada serena, abrazaré a los que me esperan y lloraré por los ausentes, mientras algunos seguirán en vano buscando culpables. Pero no importa que ese lugar no sea el mismo o que no quede casi nadie de los de antes o hayan cambiado, porque no quiero volver a la normalidad, sino construir un nuevo hogar donde sentirme a gusto, rodeado de aquellos que me acompañaron y quienes me esperaron sin exigencias. Allí os espero.
domingo, abril 19, 2020
La distancia es solo una condición. No nos determina, no nos define, no nos aleja, no marca la dirección, solo es parte del escenario. Puede cambiar las reglas pero no suspende la partida. Todo es cuestión de voluntad, de encontrar nuevas posibilidades que salven los obstáculos y no someterse a las circunstancias sin rebelarse, buscar siempre el modo de mantener la conexión y no dar nada por perdido. Solo está lejos lo que no echamos de menos.
viernes, abril 17, 2020
Casi siempre es una cuestión de valorar lo que se gana y lo que se pierde, evaluar riesgos y posibilidades y asumir las consecuencias. No es nada nuevo ni difícil de entender. Vivir, ya lo sabemos, es arriesgar. Nunca tendremos la certeza de acertar en nuestras decisiones. Si buscas un mundo seguro, no es este. Sé que si cojo el coche puedo tener un accidente, si abuso de ciertos alimentos puedo padecer enfermedades, si fumo, si bebo, si voy por la calle puede caerme una cornisa en la cabeza y que si voy al supermercado puedo contagiarme. Eso es algo que ya sabíamos y asumíamos sin problema. Parece que hemos descubierto ahora el miedo, pero solo lo habíamos olvidado. Siempre ha sido así y siempre lo será. Se trata de tenerlo domesticado para que no degenere en pánico y parálisis permanente. En nuestra soberbia, nos habíamos creído inmortales. La incertidumbre existirá siempre, el peligro acecha a la vuelta de cualquier esquina. Esa es la condición humana, la vulnerabilidad, la fragilidad, y pese a todo, afrontar esa realidad con firmeza. Esa es nuestra desgracia y nuestra fortuna. Los dioses envidian a los hombres. No podemos quedarnos mirando la vida desde el balcón ni dejar que el miedo se convierta en nuestra prisión, aunque eso nos exponga a peligros insospechados. No podemos quedarnos parados por miedo a errar el próximo paso y continuar sentados por miedo a caer al levantarnos, no podemos conformarnos con ver el partido desde el banquillo. No hemos venido aquí a empatar. Cuando salgamos ahí afuera, lo haremos sabiendo que no estamos exentos de riesgo, pero que eso no nos impida disfrutar esta fugacidad.
lunes, abril 13, 2020
Hablemos del milenarismo. No pretendo dar voz a los agoreros que piensan que esto es el fin del mundo, pero entiendo que las cosas cambiarán para bien o para mal. Puede que esto no sea el Apocalipsis y que el mundo como tal no se acabe ni la Humanidad vaya a desaparecer de la faz de la Tierra, pero sí es, o debería serlo, un punto de inflexión, el final de cierto modelo de relaciones sociales y económicas. La vida después de la pandemia será por fuerza muy diferente a la de antes. Un mundo complejo en el que habrá que hacer frente a la aparición periódica de nuevas epidemias, a los efectos catastróficos del cambio climático y la contaminación, al auge de los autoritarismos, a la lucha por la escasez cada vez mayor de recursos, a la afluencia masiva de refugiados al mundo occidental, al peligro de un accidente o una guerra nuclear, a la amenaza del terrorismo, a la superpoblación del planeta y a las rivalidades geopolíticas. El capitalismo liberal está en quiebra, la globalización en entredicho. Muchos lamentan lo que se perderá, otros proclaman la necesidad de corregir errores sempiternos y ven en esto una oportunidad. Cada cierto tiempo se hace imprescindible una renovación que depure males y vicios ancestrales y hacer limpieza a fondo para afrontar los nuevos retos. Las pérdidas serán irreemplazables y tendremos que acostumbrarnos a vivir según unas nuevas reglas. De nada sirve lamentarse, más valdría aprender a moverse en el nuevo tablero de juego. El nuevo mundo será también imperfecto, pero de otra manera, ni mejor ni peor, sino diferente. Cuando salgamos a la calle vamos a encontrarnos un mundo muy distinto al que conocíamos. Las relaciones interpersonales serán distintas, las formas de vida cambiarán, los modelos de ocio y trabajo se transformarán por completo. Puede que no sea el fin de los tiempos, pero se parece bastante a algunas de nuestras peores pesadillas. Si no damos un cambio brusco en el rumbo, el mundo va a ser un lugar complicado para vivir. Asumir los cambios es el primer paso necesario para mantenerse a salvo y despierto. Quien se resista a hacerlo no será capaz de adaptarse a la nueva realidad. Tendremos que construir una sociedad diferente que no se base en el aumento del bienestar material y el progreso tecnológico. Un mundo tal vez más humano. Pero, aun a riesgo de que me llamen pesimista o algo peor, no nos hagamos ilusiones, o como diría Stanislaw Lem “No esperéis demasiado del Juicio Final”.
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