viernes, abril 23, 2004

Reconozco, aunque a veces me cueste, mis errores. Dudar demasiado de lo indudable. La pereza nostálgica que me paraliza. La complacencia morbosa en mis heridas. La obsesiva búsqueda del fracaso. Dejar escapar las oportunidades. Dejar escapar a las personas. Marcharme sin decir adiós. Perdonar lo imperdonable. Escribir cosas ridículas y sinceras. Recordar cosas que no lo merecen.
Olvidar lo inolvidable...
Y sin embargo no me arrepiento. Soy incorregible, obstinado, intolerable. Mis errores me pertenecen como mis manos, mis ojos, mis piernas, y no voy a renunciar a ellos para no sentirme incompleto, no voy a jugar a la perfección, no voy a perseguir quimeras a estas alturas. Seguiré tropezando con las mismas piedras, asegurándome de que estén allí cuando regrese, empeñándome en caer siempre en la misma trampa, porque algo me dice que son precisamente mis errores la auténtica causa de mis aciertos...

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