miércoles, mayo 16, 2007

Cuando las victorias acostumbran con tanta frecuencia a pasar lejos de casa que ya has dejado de desearlas con convicción, cualquier pequeño logro supone algo importante. Puede que algunos desdeñen mis triunfos y miren con una sonrisa burlona mis supuestas hazañas, tal vez yo también lo hubiera hecho en otro momento, pero ahora no estoy en condición de despreciar nada, así que cuando por una vez pudimos celebrar algo me emocioné como si hubiera marcado el gol decisivo en una final, y aunque no me guste presumir de nada y me enrojezcan los reconocimientos esta vez me debía a mí mismo un homenaje, reivindicarme ante quienes dudaron de mí o directamente me cuestionaron. Siempre habrá quién venga a colgarse la medalla que no le pertenece, quien quiera arrebatarte tus cinco minutos de gloria, hay que convivir con ello, pero lo que más me reconforta es ver la rabia de quienes corrieron a pisotearme y ahora se esconden esquivando la mirada.

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