martes, marzo 03, 2026

Ya nadie escucha. Vivimos rodeados de ruido y palabras vacías que ocultan las auténticas. A nadie le apetece sentarse a escuchar lo que te pasa, lo que piensas, lo que sientes... Tan solo fingen un interés ficticio y aguardan su turno para darte su versión de los hechos, empeñados en explicar sus grandes éxitos y fracasos, como si solo les importara “hablar de su libro” aunque no tenga nada que ver contigo. Cuentas un problema y te dicen “Eso no es nada, a mí me pasó algo peor”. Tratan de convencerte de algo sin ni siquiera preguntar tu opinión y despliegan argumentos tramposos para exhibir sus amplios conocimientos de la materia. Escuchar no es oír lo que te cuentan mientras piensas qué vas a decir, escuchar es comprender, compartir la alegría o la pena, hacer tuyos los problemas y triunfos ajenos, asentir, apoyar, a veces simplemente acompañar en silencio, sin necesidad de opinar de todo. Pero nadie quiere oír tus comeduras de coco, pues ya tienen bastante con sus “gravísimos” problemas, aunque sea la lluvia del fin de semana o una uña rota. Cuando preguntan cómo estás, solo esperan recibir una falsa sonrisa y un simple “bien”, aunque sepan que no es verdad. A nadie le importa lo que te pasa, lo que quieres, lo que te duele cuando te duele, lo que sangra... Nadie escucha, nadie acompaña, nadie está. Y es absurdo esperar otra cosa.


 

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