Uno no elige lo que echa de menos. Simplemente su recuerdo surge en el momento más inesperado y te emociona. No decides al lugar que querrías volver ni con quién. Tal vez te gustaría olvidar algunas cosas y pasar página rápido para no ceder a la tentación de la nostalgia, pero no depende de tu voluntad lo que en un futuro recuerdes o vayas a olvidar. No decides quién te importa y quién no. Hay personas que van dejando en ti una semilla poco a poco hasta que, sin darte cuenta, un día florece, y de repente te sorprendes echando de menos a quien menos esperabas. Tú eres el primer sorprendido. No confío en que sea recíproco. Estoy acostumbrado a dar mucho más de lo que recibo y a esperar sin respuesta, pero aun así sigue doliendo el olvido. Y en cambio, puede que nos importe poco perder a quien caminó largo tiempo a tu lado y no supo ganarse tu cariño. Uno no escoge sus afectos ni el tamaño de sus decepciones. Porque no eliges a quién quieres y a quién no. Simplemente sucede. Y de repente un día te descubres pensando “Ojalá estuvieras aquí”.
