miércoles, julio 09, 2003

Estoy cansado. Cansado de todo esto, de tener que seguir insistiendo con las mismas cosas sin sentido, de no saber por qué hago lo que hago, de perder el tiempo y todo lo demás, de querer lo que no tengo y de tener lo que no quiero, de buscar imposibles y de proclamar mi derrota en el vacío. Y por supuesto, también estoy cansado de escribir. Puede que sólo sea el verano, puede que el calor derrumbe mis ganas de hacer nada, que esta crisis sea sólo una tregua para reflexionar y tomar impulso, o puede que sea para siempre, puede que sea la rendición definitiva, el reconocimiento de mis limitaciones, la deserción del deseo. Es un cansancio que se instala en mi mente y contagia todo mi cuerpo hasta impedirme la más mínima acción. Es un cansancio que va más allá de lo psíquico, es una sensación de hastío que se convierte en algo físico y al mismo tiempo espiritual. Es la sensación de luchar contra molinos de viento y saber que no puedes vencerles pero que algo te obliga a hacerlo.
Me siento un extraterrestre en este mundo absurdo, sus costumbres, sus placeres, sus creencias, sus ideas, son para mí incomprensibles. Sólo veo gente que intenta aparentar lo que no es, fachadas pomposas que ocultan un solar, sonrisas falsas que encubren lágrimas solitarias, cuerpos perfectos que encierran una mente atrofiada. Todo mentiras, sólo imágenes ficticias que prometen lo que no pueden ofrecer. Y todo bajo una uniformidad aplastante, hay que ser de una manera que se supone es la oficial y no caben disidencias, pero yo ni quiero ni sé ni puedo ser así, yo no impongo a nadie mis manías, particulares y discretas, por lo que sólo pido que no me impongan las suyas, aunque ellos sean mayoría y yo sólo una hormiga perdida en un planeta extraño buscando un agujero en el que esconderse del caos. Yo no sé de dónde he venido, pero al parecer mi hogar debe estar aún muy lejos.

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