martes, diciembre 19, 2023

Si algo caracteriza al ser humano es su extraordinaria capacidad para olvidar. Más que seres que piensan somo seres que olvidan. Y es que no deja de asombrarme la incomparable habilidad que poseemos para pasar página y seguir adelante sin mirar atrás, como si no recordásemos nada de lo vivido, sin pena ni remordimiento. Es cierto que hay hechos difíciles de olvidar, que se graban a fuego en nuestra mente y nos revuelcan la vida, pero son muy escasos, tan solo aquellas desgracias personales o familiares de las que no podemos desprendernos, pero incluso esos no nos impiden seguir viviendo. Pero no me refiero a esos sucesos traumáticos que rara vez ocurren, sino a actitudes y comportamientos cotidianos que asumimos con naturalidad: el daño que hicimos a alguien, las promesas incumplidas, la palabra dada, los proyectos abandonados, la mano tendida, los compromisos adquiridos, las afinidades electivas... Con qué facilidad olvidamos los buenos momentos compartidos, lo importante que alguien fue para nosotros en un momento determinado y los sentimientos tan intensos que esa relación nos despertó. Olvidamos amores, odios y todo tipo de afectos por igual, olvidamos a quien nos quiso y a quien quisimos, a nuestros amigos y enemigos, a quien nos humilló y a quien nos salvó la vida. Personas que fueron un apoyo fundamental sin las que creímos que no sabríamos vivir y que hoy son apenas un recuerdo lejano que no logra conmovernos. En un tiempo siempre breve, todo eso desaparece con extrema facilidad, o si surgen de vez en cuando lo hacen como pensamientos pasajeros despojados del significado que en su día tuvieron. Tal vez se trate de un mecanismo de defensa para tratar de curar las heridas y que el pasado así duela menos, intentando no sentirnos víctimas ni culpables, para no compadecernos ni flagelarnos. Tal vez no sea lo más justo, pero sí lo más conveniente. ¿O es que acaso podríamos vivir recordando constantemente todo lo que perdimos?


 

domingo, diciembre 17, 2023

Tal vez por una cuestión zodiacal, siempre creí en el equilibrio. Nada me interesa si no se basa en la reciprocidad y el interés mutuo. Soy consciente de que es muy difícil alcanzar una correspondencia exacta de fuerzas, que el equilibrio es imposible, pero no me canso de esperar una respuesta proporcionada a mi esfuerzo. Ya sabes, se trata de aquello de dar y recibir, tener y compartir... Sin embargo, no siempre soy fiel a mis principios e insisto demasiado, llamo a puertas más veces de las necesarias, a pesar de que siento que no recibo ni la mitad de lo que ofrezco. Porque no puedo pretender que todo el mundo comparta mis creencias. De hecho, no suele ser lo habitual. Hay personas a las que no les importa acumular deudas pendientes, no devolver la atención recibida o tener el tejado lleno de pelotas y no sienten que estén haciendo nada malo por no responder a lo que se espera de ellos. Personas intermitentes, alérgicas al compromiso, maestros del desapego que lo mismo te dan que te lo quitan, con la crueldad que se arrebata un juguete a un niño pequeño, y a las que aún te empeñas en pedir lo que no pueden ofrecer, pues no lo poseen. Y te tienes que morder las ganas para no estropearlo más. No pides, pero esperas, no exiges pero confías, no les recriminas su inconsistencia y volatilidad porque en el fondo sabes que no es culpa suya, sino, una vez más, de tus ridículas e infundadas expectativas, que te llevan siempre por el camino de la decepción y la derrota.


 

martes, diciembre 12, 2023

 A veces creo que me muerdo la lengua demasiado, probablemente mucho más de lo aconsejable, tratando tal vez de convencerme de que lo que no se dice no existe, intentando evitar hacer daño a alguien o sobre todo a mí mismo. Temes que tus palabras se malinterpreten, que desconfíen de tus intenciones, que te juzguen sin conocer la verdad completa. Piensas “mejor me callo”, “mejor no digo lo que pienso”, “ya se me pasará”, “prefiero comerme esto yo solito”. Todas esas ocasiones en que cuento hasta mil porque ya metí la pata demasiadas veces por no saber callarme la boca a tiempo, aunque me ardan las entrañas, aunque tenga ganas de gritar y proclamar la verdad desnuda a pecho descubierto, aunque desee publicar en todas las redes lo que me pasa para que todo el mundo lo sepa, me compadezca y me ofrezca su apoyo incondicional. Pero sé que es inútil, que no lo harán, que a nadie le importa lo que yo haga, que a nadie le importa lo que yo diga, que solo critican por aburrimiento, envidia o costumbre, pero ni siquiera les interesa y en el fondo les da completamente igual lo que me pase. Pero a veces pienso que esa no es la mejor estrategia, que el silencio no es refugio sino prisión, que no te protege sino te aísla y que probablemente esté perdiéndome muchas cosas buenas por no atreverme, a decir lo que pienso, por morderme la lengua demasiado, por no arriesgarme a perder lo poco o mucho que tengo, por no saber dar a tiempo una opinión, una queja, una palabra cariñosa, un elogio o un beso.


sábado, diciembre 09, 2023

Es lícito rendirse, bajar los brazos, estar cansado, hartarse incluso diría, evitar enfrentarse cada día a gigantes de viento, dejar de luchar contra ti mismo. Elogiamos el esfuerzo, la perseverancia, el empeño máximo a pesar de la improbabilidad de alcanzar la meta, pero a veces lo más sensato es renunciar y dejar de dilapidar tus ganas en batallas perdidas que nada consiguen. No se trata de cobardía, pereza o desidia, sino tan solo de jugar bien tus cartas sin pretensiones infundadas, porque ser valiente también es cuestión de suerte. Estoy harto de injusticias y desprecios, de mentiras impúdicas y emperadores desnudos aclamados por multitudes ciegas, harto de predicar en el desierto, de triunfos inmerecidos y derrotas vergonzosas. ¿Quiero eso decie que me he rendido? No sé, tal vez solo estoy buscando una coartada para hacerlo sin mala conciencia ni tener que pedir perdón por ello.


 

 

viernes, diciembre 08, 2023

Escucho tus silencios con tanta o más atención que tus palabras, sé cuándo debo pasar página o correr un tupido velo, esquivo los charcos con agilidad y eludo terrenos pantanosos, cambio rápidamente de conversación si esta toma un rumbo indeseado y callo cuando sé que mi opinión puede hacerte daño. Hay cosas que no digo para no resultar desagradable y verdades que nadie me ha pedido que guardo bajo llave. Prefiero en cambio buscar puntos de encuentro, centrarme en lo que nos une y obviar lo que nos separa, porque conozco la dificultad para construir algo sólido y con qué facilidad se puede derribar el edificio más alto. No tengo ninguna necesidad de que pienses lo mismo que yo y no voy a trata de convencerte de nada. Es precisamente la diferencia lo que me atrae, aquello que nos hace distintos y a la vez complementarios, no busco que me den la razón ni me doren la píldora, no quiero venderte nada, porque sé que esa es la única manera de evitar que todo esto acabe.


 

jueves, diciembre 07, 2023

Cada día invento excusas nuevas para resistir ante el vacío que me asedia. Busco instantes de luz que hagan asumible lo vulgar, invento espejismos pueriles consciente de su mentira. Son momentos fugaces, apenas unos segundos, que recargan mis baterías durante unas cuantas horas, aunque no siempre lo suficiente. Unas palabras amables, un breve encuentro, una mirada furtiva entre cuerpos pasajeros, una puerta que se abre, una mensaje en la noche, una posibilidad, un abismo al que asomarse, una promesa dudosa que con el tiempo habré de añadir a mi nutrida colección de decepciones. Sé que no es gran cosa, que nada de eso justifica mi euforia, que todo es, en mayor o menor medida, ruido, máscara y simulación, pero a falta de algo más auténtico, me aferro con fervor a todas esas dulces mentiras que hacen más soportable el fracaso reiterado de mis días perdidos.