domingo, marzo 15, 2026

No tienes que justifcarte por nada. No le debes una explicación a nadie más que a ti mismo. No te preocupes por lo que pensarán de ti. Tú eres el único juez de tus propios actos. Nadie conoce tu historia, tus motivos, tus heridas. Eres tú quien padece los efectos de tus errores. A nadie debes nada. Tus decisiones no son negociables, no busques la validación ajena de tus sentimientos. No te esfuerces por conseguir la aprobación de los demás. No inventes excusas baratas cuando no te apetezca hacer algo. De todas formas, nadie cree en ellas. No te disculpes, no te arrepientas, no implores el perdón de tus pecados. No abraces la penitencia. Asúmelos e intenta no volver a caer en ellos. No tienes por qué explicar la razón de tus elecciones, tampoco lo entenderían. Quien bien te quiere aceptará tus decisiones sin reproches y si hiciste mal, tan solo trata de actuar del modo correcto la próxima vez. Ofrece una compensación en lugar de una disculpa. Si tus actos provocaron un daño, intenta siempre repararlo, pero no trates de convencer a nadie. Tan solo deja que tus actos hablen por ti y no tus palabras.


 

domingo, marzo 08, 2026

Tengo que aprender a conformarme con lo que está a mi alcance, olvidarme de metas imposibles para mantener bajo control al deseo y aceptar la realidad que se nos impone. Eso no significa renunciar a conseguir algo mejor, pero tendrás más éxito si tus objetivos son cercanos y realistas. No se trata de rendirse, sino de reconocer tus límites, asumir que solo se avanza dando pasos firmes y cortos y no con peligrosos saltos al vacío. Suelo frustrarme cuando equivoco mis propósitos, me decepciona quien no puede ofrecer lo que le pido y fracaso cada vez que me planteo grandes proyectos irrealizables, tal vez porque valoré mis virtudes en exceso o me dejé embaucar por espejismos falaces. La clave está en elegir siempre el pájaro en la mano y no al de tu cabeza, soñar pequeño, ignorar los cantos de sirena que te confunden y no aspirar a la felicidad sino a la calma. Saber que el triunfo no es para mí y no pasa nada, contener la ambición, preferir lo malo conocido, habitar sereno mi lugar en el mundo, dejar de compararme con los demás para no envidiar los logros ajenos y conformarme con esta vida sencilla, humilde, vacía.


 

jueves, marzo 05, 2026

Cuando nunca te eligen es inevitable pensar que no eres suficiente. Te preguntas dónde está el fallo, cuál es ese defecto imperdonable que te convierte en una persona poco conveniente. Como cuando en el colegio te escogían el último para todos los juegos, eres siempre la última elección o ni siquiera eres una opción. Te miras al espejo una y otra vez, analizas tu comportamiento de forma concienzuda en busca de ese error fatal que necesita ser corregido cuanto antes. Tal vez sea mi cara, mi voz, mi forma de hablar, mi manera de ser y sentir. Te cuestionas tu comportamiento continuamente. Tal vez debería ser más atrevido o quizás más prudente, ser más reservado o abrirme más a la gente. Piensas qué habría pasado si hubieras actuado de otra forma, si no hubieras dicho aquello o te hubieras marchado a tiempo. Tratas de averiguar qué es aquello que hace a los demás mejores para intentar imitarlo. Te esfuerzas por estar a la altura, entrenas cuerpo y mente para dar la mejor versión de ti mismo, te muestras amable, simpático, servicial, tragándote incluso tus sentimientos, pero tampoco sirve de nada. Cuando nadie te prefiere te preguntas qué es lo que te hace invisible y te condena a la soledad y el silencio. Eres esa persona por la que nadie pregunta cuando no está. Callas para ocultar tu herida mientras notas cómo algo se rompe en tu interior. Sientes que no vales, que no das la talla, que eres una pieza defectuosa que hay que desechar, mientras miras la vida pasar cada vez con menos fe en que alguien, algún día, se quede.


 

martes, marzo 03, 2026

Ya nadie escucha. Vivimos rodeados de ruido y palabras vacías que ocultan las auténticas. A nadie le apetece sentarse a escuchar lo que te pasa, lo que piensas, lo que sientes... Tan solo fingen un interés ficticio y aguardan su turno para darte su versión de los hechos, empeñados en explicar sus grandes éxitos y fracasos, como si solo les importara “hablar de su libro” aunque no tenga nada que ver contigo. Cuentas un problema y te dicen “Eso no es nada, a mí me pasó algo peor”. Tratan de convencerte de algo sin ni siquiera preguntar tu opinión y despliegan argumentos tramposos para exhibir sus amplios conocimientos de la materia. Escuchar no es oír lo que te cuentan mientras piensas qué vas a decir, escuchar es comprender, compartir la alegría o la pena, hacer tuyos los problemas y triunfos ajenos, asentir, apoyar, a veces simplemente acompañar en silencio, sin necesidad de opinar de todo. Pero nadie quiere oír tus comeduras de coco, pues ya tienen bastante con sus “gravísimos” problemas, aunque sea la lluvia del fin de semana o una uña rota. Cuando preguntan cómo estás, solo esperan recibir una falsa sonrisa y un simple “bien”, aunque sepan que no es verdad. A nadie le importa lo que te pasa, lo que quieres, lo que te duele cuando te duele, lo que sangra... Nadie escucha, nadie acompaña, nadie está. Y es absurdo esperar otra cosa.


 

martes, diciembre 16, 2025

Conforme pasan los años, voy deshaciéndome cada vez más de mis certezas, comprendo que cosas que daba por sentadas no son como yo creía y descubro sin buscarlas soluciones que jamás imaginé. Durante mucho tiempo me hice adicto a la falsa seguridad que me ofrecían, sin saber que en realidad me aprisionaban. Me servían como refugio, me protegían de la indecisión y me proporcionaban confianza. Cuando era más joven creía tener las cosas claras, sabía con total seguridad lo que me gustaba y lo que no, no tenía dudas a la hora de elegir, tenía claro lo que no estaba dispuesto a hacer y por lo que me moría de ganas y eso me impedía apreciar los matices. Creía firmemente en mis pensamientos y rechazaba todo lo que los contradijera. Me negaba el derecho a equivocarme y pensaba que quien no estuviera de acuerdo conmigo se equivocaba por completo. Hoy no lo tengo tan claro. No me aferro a mis ideas ni defiendo con fervor mis opiniones y no tengo inconveniente en rectificar. He aprendido a dudar de mis convicciones y ver la realidad siempre desde otro punto de vista que me permita descubrir nuevos horizontes, que hay creencias que nos limitan y nos impiden avanzar, y pueden privarnos de una vida más plena. Así que he decidido aceptar mis miedos para sentirme libre, no decir nunca jamás ni de este agua no he de beber, abrazar la incertidumbre y abrir nuevas posibilidades que antes me negaba. Prefiero explorar nuevos territorios, no saber nunca lo que va a pasar, que no me cuenten el final y dejar que el futuro me sorprenda.


 

jueves, diciembre 11, 2025

Envidio a quienes tienen las cosas claras, a los que nunca dudan y siempre saben cómo actuar en todo momento y lugar. Yo en cambio desconfío de mis intuiciones tanto como de mis razones, dudo de todo mil veces y después creo haber elegido mal. Mis inseguridades son mucho mayores que mis certezas, mis convicciones demasiado frágiles para mantenerse en pie. Constantemente me rectifico a mí mismo y me reprocho mis comportamientos suicidas. Yo soy mi peor enemigo, quien castiga sin piedad mis errores, quien corrige cada una de mis palabras. Sé que todo me iría mejor si no acostumbrara tanto a mirar atrás. No tengo creencias firmes ni líneas rojas, soy fácil de convencer e incapaz de defender ante nadie mis motivos, me arrepiento de todo lo que hago y aún más de lo que no me hago. Lo que hoy me parece bonito, quizás mañana me horrorice. Nada es verdad ni mentira, todo depende. No veo el mundo en blanco y negro, sino en una infinita gama de grises. Me gustaría creer en algo que sostenga mi vida y dé sentido a lo que hago, no dudar nunca, saber siempre a dónde voy, pensar que tengo la razón o que no me importe. Todo sería más sencillo, más amable, mejor. O tal vez no.