Siempre es igual, apenas desciendo por los escalones del sueño y de nuevo me encuentro con mi pesadilla, siempre atenta, vigilante, dispuesta a perturbar mi frágil estabilidad, hecha de todo aquello que desprecio, de mis dudas más insalvables y mis miedos más ancestrales, unido de forma compacta, sin fisuras, en una pétrea masa repulsiva que impide el deseo.
Cada día me pregunto si continuará allí cuando regrese, atormentándome y complaciéndose en mi desgracia, o si se habrá esfumado milagrosamente, pero ella persevera, es una perversión de todos mis sueños demasiado insistente, asfixiante, demoledora, que acaba con cada soplo de esperanza que alumbro, una visita improcedente, implacable, casi irreal, que nadie ha llamado pero se invita sola.
Me cuesta mantener la fe en que algún día desaparecerá, se desvanecerá con el alba fría como el rocío de la mañana cede al ímpetu de la luz y el calor, pero es mi llama tan débil que no consigue derretir mi horrible pesadilla.
Hasta que amanezca ese día huyo en lo posible de su encuentro, aunque sé que es inevitable su llegada la aplazo y la reduzco al máximo, por eso, cuando cada mañana entreabro los ojos para comprobar si se ha ido y la veo de nuevo allí junto a mí como siempre, esperándome ya inquieta, decido tapiar mis párpados, darme la vuelta y continuar durmiendo.
martes, mayo 06, 2003
sábado, mayo 03, 2003
Hoy vino Dios a verme. No suelo tener visitas por lo que lo recibí con agrado. Hace tiempo que no vienes por casa y ya no me llamas, decía, Sí, ya ves, dejé de creer en ti, Pero ¿hubo algún motivo?, Tantísimos..., me cansé de que nunca respondieras a mis llamadas, A veces estoy muy ocupado, Bah, excusas, tanto que presumes..., Osea que sólo me buscabas por tu propio interés, Bueno, qué otra razón habría, Pues.. no sé, por gratitud, por amistad, por amor..., Desengáñate viejo, todos buscan en ti lo mismo que yo y cuando dejas de interesarles te abandonan. Esto pareció ponerle triste, lo cual me hizo apiadarme de él, Pero tú no te preocupes, puedes venir por aquí siempre que lo desees, ya sabes, por los viejos tiempos, le dije alzando mi copa mientras él esbozaba una tímida sonrisa y una lagrimilla asomaba a sus ojos.
Inútil intentar recuperar las sensaciones perdidas, de nada servirán tantos esfuerzos por conseguir un poco de aquella ilusión, aquella manera de sentir olvidada, ahora ya soy incapaz de remover nada en mi interior aunque estuviera ante las mismas situaciones. El problema no es que no pueda recuperar el pasado sino que no puedo rescatarme a mí mismo de las garras del tiempo. No echo de menos mis recuerdos, echo de menos a aquel que fui y ya nunca seré. Sí, puede que todo vuelva, pero cuando lo haga nosotros ya no seremos los mismos.
viernes, mayo 02, 2003
El silencio se interpuso entre nosotros como un invisible telón de acero. Cuando estábamos juntos nadie tenía nada que decir, sabíamos que toda palabra sería en vano, que el otro nunca entendería lo que uno sentía en secreto. Echábamos la culpa a cualquier cosa resignados a lo inevitable para impedir que su peso se posase implacable sobre nuestras conciencias. Nunca teníamos nada que decirnos, no sabíamos de qué podíamos hablar, no teníamos en común más que nuestras tristes vidas paralelas que nunca lograrían cruzarse. Éramos dos extraños solitarios que el deseo había unido con pocos argumentos.
Cuando ella se fue, una fría mañana sin hacer ruido, hallé la nota de despedida en la mesilla y en ese momento sentí urgente la necesidad de decirle todo aquello que no supe, mi mente se inundó de palabras a deshora, y lamenté no haber sabido nunca qué decirle, ni siquiera alguna sencilla y común palabra a tiempo como por ejemplo tequiero.
Cuando ella se fue, una fría mañana sin hacer ruido, hallé la nota de despedida en la mesilla y en ese momento sentí urgente la necesidad de decirle todo aquello que no supe, mi mente se inundó de palabras a deshora, y lamenté no haber sabido nunca qué decirle, ni siquiera alguna sencilla y común palabra a tiempo como por ejemplo tequiero.
Ahora que no comprendo el por qué de tantas cosas en mi vida busco razones que expliquen lo inexplicable. Me agarro a motivos escuálidos que no justifican nada salvo a mis ojos miopes empeñados en que todo tenga sentido. Pero sé que he de renunciar a la razón en un mundo que no responde a ella, mi obsesión por buscar la causa de todas las cosas es absurda cuando de sobra sé que la mayoría carecen de explicación.
Temeroso de un universo abandonado por la razón a veces intento obligar a la realidad a ser de otra manera, me hago trampas a mí mismo para hacerme creer lo imposible, me niego a aceptar lo consumado y me refugio en mis ridículas creencias para huir de la locura del mundo.
Temeroso de un universo abandonado por la razón a veces intento obligar a la realidad a ser de otra manera, me hago trampas a mí mismo para hacerme creer lo imposible, me niego a aceptar lo consumado y me refugio en mis ridículas creencias para huir de la locura del mundo.
jueves, mayo 01, 2003
Alguien me persigue desde hace un tiempo. Intento huir de él por todos los medios. Me lo encuentro en la calle a todas horas, me espera en el trabajo, me acompaña al parque y a comprar el periódico, me sigue hasta mi casa, incluso entra en ella sin pedir permiso. Empieza a darme miedo, no sé qué pretende, qué busca en mí, yo no tengo nada que ofrecerle. Ayer me asustó encontrármelo en el espejo. Y es que por más que lo intento no consigo escapar de ese extraño hombre con mi rostro que me vigila sin descanso.
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