domingo, diciembre 31, 2017

La impostora sensación de plenitud creyendo haber rozado tus límites, incapaz de mirar más allá, temeroso de hallar lo imposible, se desvanece furtiva al amanecer cuando aún reconoces en tu cuerpo el hueco infinito que pretendías ocupar, consciente de que mil triunfos no saciarán la apatía, la ausencia, la desgana, impermeable a elogios embaucadores y ajena a celebraciones bastardas, mientras encierras la pena en tu hogar, impotente para gozar la gloria. Entonces empiezas a comprender que poco importa el resultado, pues nada tiene ningún valor el día después de la victoria.

sábado, diciembre 30, 2017

Como todos nosotros, caí a menudo en el desaliento, acuciado por urgencias estériles. Como en tantas ocasiones, fui víctima de la indecisión, incapaz de hallar la diferencia. Como tantos otras veces quise ser el primero en cualquier cosa, aunque nadie lo supiera. Alojado en el ruido, me escondí entre la gente, camuflándome ante la adversidad. Como casi todo el mundo me dejé llevar por impulsos erráticos para no enredarme entre dudas inertes. Viví como si no importara demasiado, despreciando las consecuencias, y renuncié a mis principios si alguna vez los tuve. Utilicé a los demás cuando lo necesité, mentí, lloré y traicioné su confianza pretendiendo mostrarme sincero sin demasiada mala conciencia. Yo, como todos, más o menos, hice lo que me convenía en todo momento ocultando mis vulgares intenciones. Poco o nada que me distinga, de lo que estar orgulloso o avergonzarme, si acaso dos o tres manías particulares que oculto y esta estúpida manera de pedir perdón.

viernes, diciembre 29, 2017

Volver cada día al anterior, desmontar la ciudad piedra a piedra, despertar sin nostalgia, regresar al pasado, esconderse tras los espejos, confundir el orden de los días y el nombre de las cosas, perder el hilo en el laberinto, sentir la arena caer entre los dedos, recuperar la inocencia, arrojar las armas sin lucha, ponerse al revés los zapatos, no lamentar las pérdidas, entregarse sin rendición, contar hacia atrás, dormir sin sueño, olvidar el miedo. 

jueves, diciembre 28, 2017

Y habrá que gritar en la madrugada, golpear al viento, arrasar las cumbres, destruir los templos, incendiar el cielo. Hartos de discursos vacíos hechos de palabras antiguas que no bastan para el mañana, inundaremos las calles, invadiremos fronteras, asaltaremos palacios, fundiremos infiernos. Y habrá que inventar todo de nuevo, derribar el silencio, desnudar emperadores, delatar traidores pagados, despertar a las fieras, para no ser más esclavos que compran sus coches y firman hipotecas a cambio de un plato podrido de lentejas. Cuando nadie levante la voz para no perder las migajas, tener el valor de negar sus normas, no fingir más la calma para no acabar siendo quienes pretenden. Dejar de tener miedo para ser el miedo. Renunciar a casi nada a cambio de casi todo.

miércoles, diciembre 27, 2017

No pueden hacernos daño, sus ofensas no rozan nuestra piel, no hieren sus miradas afiladas, no golpean sus manos blandas; alejados de antiguas obsesiones caminamos triunfantes sobre sus cabezas, inmunes al rencor y la rabia para erigirnos por encima del miedo. No podrán, no sabrán cómo atacarnos, frustrados ante el inexpugnable valor renunciarán a un intento suicida. Sus garras no arañan nuestro rostro donde no brotan las heridas que en otro tiempo sangraron hundiéndonos en el silencio, cuando el viento más débil hacia tambalear las murallas, porque ya no, me repito incansable, nunca nadie puede volver a hacerme daño.

martes, diciembre 26, 2017

Preferiría no hacerlo, no ceder al chantaje cotidiano de los días lectivos, no acoger recuerdos nocivos en mi cuerpo, mirar de frente al enemigo sin bajar la cabeza a su paso, salir desnudo a la calle sin complejos, saltar sin temor desde las cimas del recuerdo, alzar el vuelo sobre el fracaso inminente, no tener que ocultar mis miedos y torpezas entre miradas de desprecio, no mentir siquiera por la espalda con forzadas apariencias que detesto, no tener que esconder mis vergüenzas, no creer ciegamente lo que me cuentan, enterrar las excusas bajo montañas de lodo, no entregar al olvido las llaves del deseo, no enredarme entre las dudas del amanecer, no asumir las razones del vencedor que no admiten réplica, no buscar respuestas que no sacian, no engañarme con promesas lejanas. Preferiría, si pudiera elegir, no tener que hacerlo de nuevo, una y otra vez sin descanso, pero es el único modo que conozco de sobrevivir sereno en mitad de la tormenta.