lunes, abril 06, 2020

Siempre debimos protegernos más, tomar precauciones al hablar con desconocidos, evitar el contacto directo sin establecer barreras higiénicas y practicar con destreza el distanciamiento. Hemos pasado por alto pecados veniales, besado sin recato a Judas sin escrúpulos y abrazado a mentirosos patológicos sin cuestionar sus intenciones. Hemos atravesado líneas rojas con descaro, caminado descalzos sobre cristales rotos y cruzado la calle sin mirar a los dos lados y ni siquiera nos hemos lavado bien las manos después de meterlas en el fango. Hemos confiado en quien nos negó más de tres veces, pagado a traidores baratos y seguido ciegamente a quien nos abandonó a oscuras en medio del camino de la vida. No olvidaré esta lección. Me la repetiré varias veces cada mañana como un mantra redentor antes de salir de casa y la obedeceré escrupulosamente como si se tratase de una prescripción médica. Seré más pulcro en las relaciones personales para mantenerme en pie, desinfectaré mi vida con frecuencia para evitar contagios indeseados, me volveré de hierro para endurecer la piel y daré a cada uno lo que se merece, sobre todo a mí mismo.