sábado, octubre 31, 2026

Con el tiempo he aprendido a morderme la lengua. Hay quien presume de no callarse nunca, yo en cambio estoy orgulloso de mi silencio. Porque quejarme nunca me concedió ninguna ventaja, al contrario, solo me provocó más problemas y me hizo sentir peor. No siempre es fácil callar. A veces estoy tentado de decir todo lo que siento pienso y hago esfuerzos heroicos por no hablar de más. Cuando me siento dolido, me refugio en el silencio hasta que todo se calme. Porque nadie entenderá tu dolor, nadie comparte tus dudas. Te dirán que no es para tanto, que exageras, y te harán sentir culpable aun siendo tú la víctima. Nadie te reprochará tu silencio, pero sí lo que dijiste. Muchas veces he mostrado mi malestar, he acusado y he exigido. Resultado: se volvió en contra mía. Es por eso que ya no me permito mostrar mis heridas, consciente de que cualquier cosa que diga será utilizada en mi contra. He aprendido a contar hasta cien, confiando en que también esto pase y lo que hoy me atormenta mañana dejará de importarme. Ahora ya no muestro mi pesar, me trago mis palabras y mis sentimientos y procuro que nada me turbe, que nada me espante. Eludo el conflicto con maestría. Como un piloto de avión, me dedico a esquivar tormentas. Aunque a veces me surge la duda de si estaré haciendo lo correcto.


 

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