Con el tiempo he aprendido
a morderme la lengua. Hay quien presume de no callarse nunca, yo en
cambio estoy orgulloso de mi silencio. Porque quejarme nunca me
concedió ninguna ventaja, al contrario, solo me provocó más
problemas y me hizo sentir peor. No siempre es fácil callar. A veces
estoy tentado de decir todo lo que siento pienso y
hago esfuerzos heroicos por no hablar de más. Cuando me siento
dolido, me refugio en el silencio hasta que todo se calme. Porque
nadie entenderá tu dolor, nadie comparte tus dudas. Te dirán que no
es para tanto, que exageras, y te harán sentir culpable aun siendo
tú la víctima. Nadie te reprochará tu silencio, pero sí lo que
dijiste. Muchas veces he mostrado mi malestar, he acusado y he
exigido. Resultado: se volvió en contra mía. Es por eso que ya no
me permito mostrar mis heridas, consciente de que cualquier cosa que
diga será utilizada en mi contra. He aprendido a contar hasta cien,
confiando en que también esto pase y lo que hoy me atormenta mañana
dejará de importarme. Ahora ya no muestro mi pesar, me trago mis
palabras y mis sentimientos y procuro que nada me turbe, que nada me
espante. Eludo el conflicto con maestría. Como un piloto de avión,
me dedico a esquivar tormentas. Aunque a veces me surge la duda de si
estaré haciendo lo correcto.
sábado, octubre 31, 2026
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