miércoles, junio 23, 2021

El otro día me comentaba un compañero del trabajo que el jefe le había echado una señora bronca por un pequeño fallo que había cometido sin darse cuenta. Se quejaba de que en veinte años en la empresa sin ninguna mancha en su expediente jamás había recibido una felicitación o un halago por parte del señor director o algún otro de sus superiores y, sin embargo, al menor fallo se habían encargado de hacérselo saber con malos modos y amenazas. Me hizo pensar en la injusticia que cometemos cada día, pues actuamos así siempre y en todos los ámbitos, no solo en el laboral, sino también con la familia, la pareja, los hijos, los amigos, etc. Ocurre también en las redes sociales. Tendemos a guardarnos los halagos y a subrayar los errores, mientras que, por el contrario, somos muy dados a destacar los aciertos propios y ocultar nuestros fallos. Todos cometemos errores, incluido por supuesto tu jefe, y sería mucho mejor si no pusiésemos siempre el énfasis en lo que está mal y obviásemos lo que hacemos bien como si eso fuese algo obligado. No podemos hacerlo todo perfecto sin equivocarnos jamás, nadie es capaz de eso, pero en general son muchos más los aciertos que los fallos y nadie nos felicita nunca por ello, en cambio somos contundentes en la crítica e hirientes en el reproche. Para mí una pequeña crítica se convierte en una obsesión que me hunde y desanima, mientras que un elogio me motiva y me anima a seguir adelante. Pienso que deberíamos acostumbrarnos a resaltar más los aspectos positivos en lugar de los negativos, a apoyar a quien se equivoca y ayudarle a corregir sus fallos, asumiendo las imperfecciones y valorando las virtudes de los demás, porque nadie está libre de pecado y unas palabras amables son siempre el mejor impulso para seguir mejorando.


 

1 comentario:

Helena Saenz dijo...

Espero que esto se contagie...

Alguna vez hice el esfuerzo por valorar el trabajo bien hecho de mis compañeros de trabajo que tenia a mi cargo. Como dicen "Alaga en publico y corrige en privado"; así lo hice.

Lamentablemente no me pagaron con la misma moneda, al menor error que ni siquiera les perjudicaba, pum... Con el dueño y regaño asegurado con multa y todo. A partir de ahí me acostumbre a mejor callarme todo, ni mencionar lo bueno y bajo lo malo, solo dar 1 advertencia.

Con los familiares ya amigos, lo mismo, pues del trabajo se me hizo costumbre. Incluso procuro tener un plan de respaldo por si sus acciones erradas me perjudican XD Si no lo tengo, sobre la marcha la trabajo, pero ya sin sorprenderme.

Así las cosas... En fin... saludos y muy buena vibra!