jueves, julio 01, 2021

Durante toda mi vida me he impuesto deberes que nadie más me exigía, me he obligado a cumplir mis propias expectativas y eso me generaba un estado de ansiedad permanente del que no conseguía desprenderme. Porque cuando cumplía alguna de mis exigencias, ya había otras nuevas que ocupaban su lugar y si fracasaba sentía que estaba decepcionando a los demás y que no merecía su afecto ni su consideración. Nunca he podido disfrutar de lo que tenía pensando en lo que me faltaba, pues siempre había algo pendiente por lo que tenía que ponerme de inmediato a trabajar. Toda mi vida he sido mi peor juez y mi verdugo, mi enemigo privado número uno, pues creía que si no lo hacía bien defraudaría a los que me querían y acabaría perdiéndolos. Pero jamás nadie me pidió explicaciones tras un fracaso, no tuve que disculparme después de cada error cometido salvo ante mí mismo. Porque nadie nos exige que hagamos nada, nadie condiciona su amor, su amistad o su respeto al resultado de nuestros esfuerzos y tampoco nuestros logros impresionan a nuestros enemigos. Quien nos ama o nos odia lo hará independientemente de que perdamos o ganemos, tal vez incluso más en la derrota. Luchar por lo que deseas está bien, pero no temas defraudarme a mí ni a nadie, pues no depende el cariño de nuestros aciertos.


 

2 comentarios:

Guillermo Castillo dijo...

La resistencia de una cadena se suele medir por el eslabón más débil, escribió Escrivá Balaguer.
Entre tanto, te dejo mi saludo.

titos dijo...


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