martes, octubre 30, 2018
A veces te empeñas en algo que no va a ninguna parte. Dedicas tu esfuerzo y tu tiempo a ocupaciones/trabajos/aficiones/personas que no te ofrecerán más que decepciones, y te resistes a creer que así sea, pero el paso del tiempo te va demostrando que estabas equivocado, que son tus esfuerzos inútiles e infundadas tus ilusiones. Buscas la manera de que funcione, no descansas nunca hasta hallar el modo de que todo encaje y entregas todo lo que tienes a cambio de nada. Y lo peor es que caes constantemente en el mismo error, solo cambiando de persona o actividad, y mientras lo haces estás totalmente convencido de que esta vez será diferente, pero no lo es. No, no aprendemos del pasado, olvidamos la lección demasiado pronto y lo que nos prometimos que nunca más haríamos solo tardamos un poco más en repetirlo para seguir engrosando la lista de fracasos y decepciones. Y lo peor es que sé que nunca dejaré de hacerlo.
lunes, octubre 29, 2018
El respeto no se gana, en todo caso se pierde, pero es algo que se le debe de entrada a toda persona por el mero hecho de ser persona. Es un derecho fundamental, una muestra de cortesía, una señal de buena educación, una obligación moral. No hay que hacer ningún truco de magia para conseguir que los demás te respeten, no hay que ganarse nada ni demostrar ningún mérito especial. No hay que ser un sabio, un héroe o un trabajador infatigable para que te respeten. ¿O es que estamos haciendo una sociedad en la que para respetar a alguien es necesario que nos demuestre algo? Una sociedad irrespetuosa, maleducada y desconfiada en la que los líderes de opinón son prácticamente analfabetos o demasiado simples. Tal vez ese sea el motivo de tantas descalificaciones, ataques y críticas insolentes que lees a diario por las redes y el síntoma más claro de una sociedad enferma que ha perdido todos los valores y en la que quien lleva la razón es quien más grita, engaña y manipula con mensajes simples y directos impuestos como verdades que no admiten ninguna duda cuando en realidad son falsos . Si es así, y me temo que lo es, yo prefiero no formar parte de ella.
domingo, octubre 28, 2018
En el instituto me contaron que la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma, y del mismo modo pienso que las relaciones humanas tampoco desaparecen nunca, solo se transforman. La amistad, el amor, los afectos familiares, la fidelidad, la confianza, la complicidad, el rencor, el sufrimiento ... están en continuo cambio. Con el paso del tiempo no son lo que eran sino que se convierten en otra cosa, ni mejor ni peor, diferente. A veces veo adolescentes exaltar la amistad, creyendo firmemente en ella, pensando que nunca desaparecerá lo que hoy tienen y me veo reflejado en ellos y alguna vez incluso me atrevo a decirles que aprovechen ese instante porque dentro de unos años tal vez ni siquiera saluden cuando se encuentren por la calle a esa persona con la que hoy se abrazan y a la que juran que por ningún motivo abandonarán jamás. Nunca volveremos a ser quienes fuimos y no podremos recuperar lo que perdimos y tendremos que aprender a vivir echando de menos lo que un día tuvimos. La adolescencia es una época dorada de nuestra vida, tal vez la mejor o quizás la memoria se encargue de embellecerla y ocultar las sombras. Porque sin duda las hubo y muchas de las cosas que creemos recordar no sucedieron de ese modo y no podremos saber qué ocurrió realmente, porque todo eso ha desparecido, o más bien se ha transformado en algo muy diferente, pero qué queda de todo lo que desparece cuando ya no está. Esa es la pregunta que me hice al mirar hacia atrás y recordar mi adolescencia y que despertó en mí otras muchas preguntas, las cuales he tratado de responder seguramente sin éxito en mi nueva novela “Todo lo que desaparece”. Me encantaría poder compartirla contigo y conocer tu opinión.
sábado, octubre 27, 2018
Si no tienes miedo a perderlo es que no te importa lo suficiente. Tal vez creas que puedes sustituirlo sin problema, que el vació que deje tras su marcha podrá llenarse con facilidad y que pronto alcanzarás el olvido. Entonces más te vale dejarlo ya, abandonar la batalla antes de la derrota definitiva que te deje malherido y no esperar a que el tiempo estropee lo vivido sino guardar un bonito recuerdo. Porque el que no teme no ama. Amar es tener miedo, vivir con la preocupación permanente de perder lo que quieres, pensar que nada tendrá sentido cuando desaparezca y que te morirás cuando no esté. Luego puede que no sea así, de hecho es lo más probable, y que el olvido consiga hacer lo que nunca creíste posible, e incluso te alegres de que haya desaparecido de tu vida y de tu memoria para siempre, pero cuando quieres algo o a alguien no concibes tu mundo sin su presencia y darías todo lo que tienes por que nunca acabase.
viernes, octubre 26, 2018
Cuando era niño soñaba con poder volar. Cerraba los ojos, abría mis alas y me imaginaba recorriendo la ciudad por el cielo y mirándolo todo con serenidad desde arrriba. Desde allí era incapaz de ver aquello que me causaba tanto dolor. No había compañeros humillándote, profesores pegándote y gritándote ni insultos o golpes en el recreo. Conforme fui creciendo comprendí que nunca podría hacerlo. Pero ahora, muchos años después, comprendo que no me equivocaba. Porque he descubierto que para volar no necesitas tener alas, tan solo un poco de imaginación y creer firmemente en tus sueños. Ahora que he aprendido eso, aunque a veces se me olvide, cuando me siento perdido o angustiado, cierro los ojos y levanto el vuelo, alejándome así de la cruda realidad cotidiana que me empuja hacia el suelo experimentando toda su dureza, y me elevo muy por encima de mis problemas, sintiéndome por unos instantes invulnerable. Porque todo lo que me parece un obstáculo insalvable no es más que un diminuto grano de arena visto desde las alturas.
martes, octubre 23, 2018
El problema no son los que hablan o gritan mostrando su insolencia, sino los que miran para otro lado y callan. Sería fácil combatir a quien dice barbaridades, a quien ofende o molesta, a quien agrede o insulta si los que observan en silencio se atrevieran a alzar la voz. Son los cómplices en la sombra los que permiten lo intolerable: el insulto, el desprecio, el rechazo a lo diferente, la homofobia, el racismo, el maltrato, el acoso o la corrupción. Por cada uno que comete la falta hay mil que lo ven y no dicen nada, que no muestran su disconformidad ni son capaces de enfrentarse o afearle la conducta al tirano, al maltratador, al racista, al homófobo, al maleducado, al sinvergüenza, al canalla o al corrupto, al que con su silencio culpable apoyan y animan a seguir actuando del mismo modo. No necesitamos héroes que salven el mundo ni quijotes que luchen contra gigantes, solo personas normales que no tengan miedo y digan lo que piensan aunque pueda resultarles incómodo o causarle algún ligero contratiempo. Gente normal que actúe con normalidad, personas con empatía y responsabilidad que pese a todo vean, griten y oigan superando su propio miedo, no ganado sumiso que obedezca siempre a su amo y siga al pastor ya sea bueno o malo. Pero para ello deberían de empezar por salir de ese rincón oscuro desde donde tan confortablemente juzgan todo sin participar en nada. Porque ya está bien de callar ante la injusticia y el abuso, ya está bien de ser cobarde por temor a perder tus migajas cuando a otro le quitan todo lo que tiene, porque es la masa silenciosa la que consiente con su actitud y permite que suceda todo eso por lo que en privado nos escandalizamos pero no hicimos nada por evitarlo cuando pudimos.
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